Luis Rosero M.
El gobierno ha logrado la aprobación de tres leyes económicas urgentes y ha lanzado una serie de decretos en diversas materias que buscan una serie de reformas en el ámbito económico-monetario- financiero y otras áreas. Las primeras se inscriben en el nuevo acuerdo del Servicio Ampliado del Fondo (SAF) por 5000 millones, con el FMI, que establece la direccionalidad y condicionamiento de la política económica que aplicaría el país. Fuera del ámbito señalado se propone intensificar las acciones en seguridad y lavado de activos, atracción de inversiones, mejorar la gobernanza en el sector monetario-financiero y la estabilidad del sistema financiero.
En efecto, al SAF inicial de 4000 millones se le agregó un crédito adicional de 1000 millones con lo que el nuevo SAF es de 5000 millones. Hay nuevas metas y exigencia de aplicación de reformas estructurales. El periodo de vigencia del nuevo SAF es 2025-2028, con un periodo de gracias de 4 años, los pagos al organismo multilateral deberán iniciarse en 2028. Este nuevo acuerdo le abre las puertas al país para acceder a nuevo endeudamiento de otros organismos multilaterales.
El ajuste fiscal, en ese periodo, será de 4.4% del PIB. El 3.8% del peso del ajuste vendrá por el lado de los ingresos (4900 millones) y el 0.6% restante mediante la reducción del tamaño del estado (774 millones). O sea, un ajuste de 5600 millones en4 años. En 2025, el ajuste será de 1.3%, en 2026 de 1.3%, en 2027 de 1.1% y en 2028 de 0-7%. Por lo tanto, el ajuste será gradual. Las condiciones del FMI son aplicar una reforma tributaria estructural, revisión de subsidios, reforma del sistema de compras públicas y mayor control del gasto, reformas en el área de la energía y producción, fortalecimiento de la seguridad social y reformas financieras.
La reforma tributaria estructural pretende incrementar los ingresos no petroleros 5.1% del PIB que incluye 2.7% del PIB en impuestos (más de 3400 millones). En 2025, ya se aplicó, en junio, una tasa de fiscalización a las empresas mineras que recaudaría entre 200 – 220 millones. Otras medidas serían eliminación de exoneraciones ineficientes (impuesto a la renta a empresas), tributos a comercio electrónico, reformas al régimen fiscal minero (hasta diciembre de 2025) y cambios en el marco tributario en hidrocarburos y energía.
La revisión de subsidios comenzó a aplicarse desde junio, de este año, con la eliminación del subsidio al diésel del sector atunero. Además, se eliminó el subsidio a las tarifas eléctricas de las industrias de alto y medio voltaje que recaudaría 256 millones. Esto también se aplicaría a la minería.
La reducción del tamaño del estado, que reduciría el gasto público, será a través del despido de personal y la fusión de ministerios y secretarias. En lo primero, se aprobó la Ley de Integridad Pública, en junio de este año, que introduce una reforma a la LOSEP, y su reglamento se publicó en julio. Para viabilizar esta reforma el Ministerio de Trabajo emitió un reglamento para la evaluación de desempeño que incluye la supresión de puestos y las indemnizaciones correspondientes. La meta es despedir a 5000 funcionarios. Con la fusión de 6 ministerios pasan de 20 a 14 y las secretarias se reducen de 9 a 3.
Según el Centro de Investigaciones del Colegio de Economista del Pichincha, el déficit fiscal en el primer quimestre de 2025 fue de 1306 millones. El gobierno espera que con estas medidas y otras el déficit fiscal en 2025 se reduzca al 3% del PIB (alrededor de 3000 millones).
El ajuste fiscal, si bien contribuye al equilibrio de las cuentas públicas, afecta al crecimiento económico. El Banco Central proyecta una tasa de crecimiento del 2.8% para 2025. Sin embargo, después de la contracción económica de 2% de 2024, comenzó, en el I trimestre de 2025, la recuperación de lo perdido con una tasa de crecimiento de 3.4%. Las medidas de ajuste frenan el crecimiento, por ello el propio FMI estima un crecimiento solo de 1.7% mientras que el Banco Mundial proyecta una tasa de 1.9%.
Pero no solo importa la magnitud del ajuste sino también su calidad. Si bien son necesarios reducir los desequilibrios macroeconómicos hay que considerar su dosificación y prioridad de ellos. Se ha puesto énfasis, con el nuevo SAF, en lo fiscal. Previo a la elección presidencial, en la primera vuelta, se concedieron subsidios, en alrededor de 600 millones, pero con fines clientelares. Después de la fiesta, ahora se busca austeridad. Todo ajuste fiscal es de carácter recesivo por lo que, dada la contracción económica del año pasado, debería priorizarse la reactivación económica inicialmente con inversión pública, asociaciones público privadas y dar incentivos a la inversión nacional. Esto último requiere aumentar el crédito al sector privado productivo (más bien el FMI estima que la variación de éste pase de 6.2% al 3.1% entre 2024-2026). Mas bien el SAF, orienta la inversión extranjera directa (IED) en sectores primarios (minería, petróleo y energía), pero ésta no aumentará si no hay seguridad jurídica y mejora en la seguridad (el propio FMI proyecta que la IED aumentaría de 0.2% al 0.8% del PIB entre 2024-2026). En efecto, ya hay estudios que señalan que la inseguridad ciudadana limita el crecimiento económico. Si no hay mayor dinamismo económico, no habrá suficiente generación de empleo pleno, uno de los principales desequilibrios estructurales en el sector real.
A pesar de que, según los enunciados, en el acuerdo con el FMI, se plantea la sostenibilidad de la deuda, sin embargo, se alienta el aumento de la deuda externa con organismos multilaterales y el ingreso al mercado internacional de capitales en 2026. He señalado que, en el país, se profundiza el circulo vicioso: déficit fiscal – endeudamiento público, principalmente externo – reformas tributarias – renegociación de deuda externa. Si no se rompe este círculo, habrá más restricciones al crecimiento económico. En lo que si pone énfasis es FMI es el aumento de la RMI, que si bien es importante para fortalecer la dolarización -sobre todo con aumento de exportaciones- también sirve para cubrir los compromisos financieros internacionales, como el pago de la deuda externa.
Finalmente, la fusión de ministerios debe tener una lógica positiva. Así, por ejemplo, se va a fusionar el Ministerio del Ambiente con el de Energía, pero aquí claramente hay un conflicto regulatorio pues el primero debe otorgar los permisos ambientales a los proyectos en energía. Como el segundo tiene mayor peso resultará en la debilidad regulatoria del medio ambiente. Otro caso, el Ministerio de la Mujer pasa al Ministerio de Gobierno. No es entendible que se traslade al ministerio de la política a la entidad que debe incentivar el desarrollo de la mujer que abarca un amplio campo. Pero lo más cuestionable es que con el Ministerio de Educación se le agregue la cultura, deporte y la secretaria de educación superior. Si este ministerio no alcanza a administrar la educación, lo que se agrega quedará con menor atención y, más aún, agregarle la educación superior no tiene sentido pues el Ministerio de Educación tiene competencia hasta la educación media.