El gobierno anunció la emisión de
bonos por 2.000 millones de dólares para financiar el presupuesto del estado,
mostrando su incapacidad o falta de decisión para reducir el gasto corriente.
La deuda contraída, por este gobierno, desde Mayo de 2017, alcanza 11.675
millones de dólares, lo que implica más egresos por el servicio de la deuda. Este
endeudamiento traerá consecuencias en el flujo de pagos por ésta, así entre
2024 al 2030 el servicio de la deuda pública externa obligará a elevados pagos
que requerirá búsqueda de recursos para cumplir los compromisos financieros.
Además, en un comunicado público,
el FMI informó que para recibir el siguiente desembolso el país debe entregar y
aprobar en la asamblea tres reformas estructurales. A eso se agrega, la “La
complicada coyuntura económica y social actual y futura”, título del artículo
anterior, que enfrenta el Ecuador por la posible recesión mundial, los efectos
de la guerra comercial entre EE.UU. y China así como el Brexit duro. De darse
estos eventos, como señalé en el artículo, el efecto para país sería la
reducción de las exportaciones y consecuentemente una caída del PIB. Ésta ya
está pronosticada, por el propio FMI, con una contracción de 0.5 en el
crecimiento económico con efectos en el mercado de trabajo y en las condiciones
sociales. Hay que considerar también la evolución del precio del petróleo, el
25 de setiembre bajo a 56.6 dólares cuando la semana anterior bordeo los 60
dólares. Ese día el riesgo país subió 15 puntos alcanzando 678 puntos,
reflejando los problemas que enfrenta el país. Lo preocupante es los efectos
macroeconómicos de la recesión mundial que impactaría la economía en el año
2020.
De las tres reformas
estructurales exigidas por el FMI, la crucial es la reforma tributaria. Se
acaba de eliminar el impuesto verde –aplicable a los vehículos por
contaminación-, por otro lado, el débil crecimiento de 2019 implica menos
ingresos para el sector público que, con el alto gasto corriente, conduce a
falta de liquidez pública. La reforma tributaria implicará, dada esta
situación, un aumento del IVA, reducción del ISD, aumentos del ICE para ciertos
servicios y productos, entre las medidas más importantes, lo que implicaría un
efecto inflacionario y contractivo sobre el consumo y recesivo en la economía
en el 2020.
La reforma laboral implicará la
flexibilización laboral y la reducción de costos de contratación y despido. Lo
primero lleva a que se sigan trabajando las 40 horas semanales pero que podrían
repartirse en horas de la noche o los sábados, para eludir el pago de horas
extraordinarias o por fin de semana. Si bien se reduce el costo laboral,
perjudica al trabajador. Para lo segundo, entre las medidas más importantes de
esta reforma, están en reducir la indemnización por despido intempestivo
reduciendo de 24 meses o mes a sólo 12 meses, eliminar el contrato indefinido,
restituir contrato por horas, crear el contrato de obra cierta, aumentar el
período de prueba a un año, etc. Si bien esto favorece al patrono, sale
perdiendo el trabajador porque se le da menos protección laboral. En síntesis,
lo que busca la reforma es acercarse lo más posible a un mercado de trabajo
flexible y libre, en que sean las condiciones de oferta y demanda de trabajo la
que determinen libremente el costo salarial.
La reforma al Código Monetario
Financiero, en lo que respecta al sistema financiero, buscaría a liberalización
del mercado del dinero lo que implicaría que sean las fuerzas del mercado que
determinen libremente la tasa de interés, con lo cual cada banco podría
establecer el costo del dinero. Para que sea posible aquello además debería
eliminarse los topes a las tasas de interés: la tasa máxima y la tasa de usura.
Esto se viabilizaría a través de la restitución del directorio del Banco
Central, que pasaría a retomar el manejo de la política monetaria, crediticia y
de tasa de interés. Serían los 5 o 7 miembros que definirían dicha tasa. La
cooptación de este directorio por el poder financiero haría posible tal
liberalización.
En síntesis, como he señalado, en
2020, la posible recesión mundial, el efecto recesivo de la reforma tributaria
y el ajuste fiscal que exigiría el FMI llevarían por segundo año consecutivo a
una contracción de la economía. La incapacidad o falta de voluntad del gobierno
para reducir el gasto corriente, lleva a más endeudamiento al país lo que
tendrá efectos en la economía del país. En concreto, si se cumplen los eventos
señalados y se aplican las reformas estructurales del FMI, en 2020 habrá
recesión, lo que traerá consigo más desempleo, subempleo, pobreza y reducción
del nivel de vida de la población.