En el día Internacional del Libro: reseña de La agonía del psicoanálisis

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Es un libro de la editorial Espasa-Calpe, Argentina, 1951. El autor hace un recorrido por las 3 autores que forman las escuelas mas importantes de la psicologia, en ese tiempo: Freud,Adler y Jung. El primero funda el psiconálisis basado en la idea de que el hombre esta movido por la libido; Adler, de la psicología individual, plantea que el hombre es un ser racional y que busca el poder del cambio y Jung, en cambio, plantea que el problema del hombre, con signos de irracionalidad, es mas espiritual. Su aporte principal es el inconsciente colectivo y de los tipos de personalidad. Aunque Freud modificó su teoría con su Segunda Tópica, referida al yo, ello y superyó, sin embargo sus discípulos insistieron en la primera versión de su teoría. Adler aportó con el complejo de inferioridad. Jung además plantéo en su esquema de personalidad: al incosciente, el yo, la sombra y el anima y animus. Destaca en esta clasificación: los extrovertidos e introvertidos.

RESEÑA SOBRE EL LIBRO BRUJULA PARA NAVEGANTES EMOCIONALES DE ELSA PUNSET

Caratula libro Brujula para navegantes emocionales (2)
Este libro es sobre educación emocional. Punset hace un recorrido de los problemas psicológicos desde la infancia hasta la adultez. Según ella, los patrones emocionales negativos y los condicionamientos sociales afectan nuestra vida emocional. La educación, la religión e instituciones  políticas y sociales inciden en la gestión de la vida. Si bien la primera pone énfasis en la formación académica se olvida de la educación emocional.
Insiste que hay que conocer nuestras emociones para entender nuestra conducta. Por ello, hay que desarrollar la inteligencia emocional, entender nuestras emociones y gestionarlas. Se requiere controlar las emociones negativas, comprender a los demás y mantener el equilibrio.
La autora señalas que los ladrillos emocionales se construyen en el hogar. Hay que mantener una vivencia armoniosa, no solo controlar las emociones negativas (miedo, ira, tristeza y asco) sino desarrollar las positivas (felicidad). La represión de estas las llevan al inconsciente, donde es difícil controlarlas. La autora señala que los patrones emocionales están basados en experiencias, que formaron costumbres y creencias que heredamos de nuestros padres y entorno. Hay que desaprender y buscar la alfabetización emocional.
La vida familiar es fundamental para el crecimiento personal.
Según ella, la madurez emocional del niño es clave  pero los padres establecen normas e ignoran sus sentimientos y emociones que están detrás de su comportamiento. La autora señala que el apego es fundamental para el desarrollo emocional del niño. En esa tarea los padres son vitales para la formación de habilidades emocionales.
Recomienda que en la niñez, los padres deben ayudar desarrollar la empatía, responsabilidad en toma de decisiones, el amor incondicional, autenticidad en las relaciones familiares, etc. Es clave conocer el temperamento de nuestros hijos para conocer sus necesidades y cuáles son los canales del lenguaje del amor.
También es importante enseñarle a cómo resolver conflictos y no aplicar castigos injustos. Los padres deben responder a la atención de los niños y el amor que requieren. Disciplinarlos buscando motivar y responsabilizar al niño. Además la autora sugiere enseñarles formas de controlar la ira, guiarlos cuando enfrente la tristeza.
Plantea que en la adolescencia hay que encaminarlos hacia su conexión con el mundo. Guiarlos para que asienten su identidad personal y entender su fidelidad hacia otros. Dicha conexión se puede alcanzar por medio de la comunidad, arte, naturaleza y deporte.
Insiste que debemos desarrollar la comunicación con los demás enfrentando el miedo y evitando la soledad. La relación con los demás debe ser respetando los sentimientos y necesidades afectivas. Los jóvenes se enfrentan al amor romántico y deben aprender a la expresión explicita del amor.
Recomienda también los adolescentes deben aprender los distintos lenguajes del amor y el sexo. Evitar la posesividad, el deseo de controlar y dominar así como la manipulación, la instrumentalización del amor. Desarrollar el amor incondicional en la pareja, evitar las fantasías y proyecciones y respetar los límites de la pareja y saber enfrentar el desamor: la experiencia del abandono de la pareja y enfrentarlo.
Señala que si bien en la juventud las emociones se expresan sin rodeos, en la adultez aprendemos a controlarlas. Las emociones y pensamientos están ligadas y la mente cede ante emociones poderosas. Pero las tradiciones religiosas y sociales nos obligan a encerrar las mismas. En Occidente se fomenta emociones como el deseo codicioso y el miedo a la inseguridad, se incentiva la búsqueda del bienestar material y la felicidad a través de acumulación de propiedades y bienes, de ahí, por ej. el consumismo. Podemos reprimir las emociones negativas pero estas algún día explotan a través de la ansiedad y enfermedad. Hay que aprender a gestionarlas y cultivar las emociones positivas.
Hay diferencias de la expresión de las emociones entre mujeres y hombres. Ellas las expresan más fácilmente con palabras, gestos y lenguaje corporal, en cambio, los hombres las reprimen y tienden a ignorar sus sentimientos. Tienen miedo de verse abrumados por sus sentimientos.
De las emociones positivas, la felicidad es fundamental y a ella se asocian la alegría, exuberancia, el humor, la risa, el optimismo e incluso la curiosidad. Las emociones positivas y negativas son la misma cara de la moneda. Hay que estimular las primeras como meditación, relaciones amorosas satisfactorias, el contacto con los animales de compañía, las relaciones interpersonales basadas en la ayuda y la compasión y la práctica del ejercicio moderado. Es importante renovarnos para enfrentarnos a la vida diaria. Hay 2 condiciones para ello: el autoconocimiento, que es la piedra de toque para el manejo de las emociones, que es fundamental para el control y disfrute de la vida. La segunda es una vida saludable que requiere dormir las horas necesarias, llevar una dieta equilibrada y hacer ejercicio moderado. También practicar el fluir, fomentar la curiosidad, desarrollar la creatividad, disfrutar conscientemente del momento presente, modificar deliberadamente nuestro entorno, el dinero no da la felicidad, fomentar el optimismo, practicar el humor y la risa, fomentar activamente nuestra visión personal y convivir con las limitaciones y restricciones. Además debe desarrollarse la intuición,  el control de las emociones, la resiliencia (repuesta ante la adversidad, que es un ajuste saludable ante los reveses de la vida y la capacidad personal de no dejarse abrumar por las emociones negativas y estresantes).
Adicionalmente recomienda el desaprendizaje en el adulto. En el inconsciente se guardan las emociones reprimidas y éste dicta nuestro comportamiento. Las emociones sigue siendo necesarias para llegar a la raíz de nuestras inclinaciones, analizarlas y empezar a deshacerlas. Es un proceso lento, que exige dedicación, sobre todo al inicio, cuando tenemos que considerar cada creencia y prejuicio. Este trabajo de mantenimiento nos llevará a descartar nuevas creencias y actitudes, a fortalecer otras y a descubrir nuevas formas de pensar y sentir. Uno de los problemas emocionales es el condicionamiento y El miedo es uno de los factores claves de éste. Si decidimos enfrentarnos de manera consciente al miedo y a la resistencia al cambio, luchamos contra nuestro inconsciente y nuestros condicionamientos.
La autora plantea que el pasado nos bloquea a base de miedos condicionados inconscientes o conscientes. La resolución de estos conflictos no implica necesariamente la renuncia a los deseos, sino enfrentarse a los temores y miedos que subyacen estos deseos. En la base del temor está el miedo a sufrir, a necesitar cosas externas que en realidad podrían ser meros espejismos. Si en cambio usamos el dolor como una brújula que indica cuando algo no está bien  y aprendemos a desactivar los miedos que lo producen, resulta tan útil como las varillas que detectan las bolsas de agua bajo tierra.
Enfrentarse al miedo se convierte en una herramienta decisiva para vivir mejor. Enfrentarse al ego es una tarea fundamental. El ego parece un refugio seguro porque allí nos sentimos menos vulnerables a los demás. Pero el adulto que se confunde con su ego le ocurre como si se hubiese vestido con ropa que no le pertenece y, sin embargo, se identifica con lo que lleva puesto. Aunque el ser emocional pueda estar reprimido, no conseguimos nunca engañarnos del todo. En cuanto aparece el fracaso o la conmoción incluida la experiencia del amor el conflicto entre el ego y la verdad individual de cada uno sale a la luz de la consciencia. Se tambalean los cimientos del ego construido por cada persona y se cuestionan las verdades exteriores aprendidas.
Otra herramienta de desaprendizaje es lo que Carol Anthony llama la desprogramación de la mente. Compara el ego a un programa interno instalado en la psique que actúa para convencernos que nuestro ser es incapaz y débil y que debemos doblegarnos a las verdades aprendidas. “La desprogramación se consigue retirando la conformidad que dimos, consciente o inconsciente, a determinadas verdades, como resultados de castigos o amenazas, o porque alguien mayor que nosotros nos dijo que eran verdades, o porque nos parecieron probables”.
En el epilogo, la autora señala que hay diferentes etapas en la vida. A veces la vida parece estancarse. En esta etapa de espera es útil recordar que las etapas de la vida tienen un ciclo natural de crecimiento, plenitud y decadencia, tras el cual se inicia un nuevo ciclo. Al contrario de lo que creemos, el proceso de evolución y desarrollo humano psíquico y físico no se detiene al final de la adolescencia: prosigue durante toda la vida. Los primeros años de juventud, hasta los 25 o 26 años, son una etapa peculiar y hasta cierto punto engañosa: todas las oportunidades aparecen abiertas y las diferencias y debilidades personales se disimulan tras el barniz de la juventud. La primera prueba real será en breve, cuando cada persona vaya tomando decisiones, a menudo basadas en motivaciones inconscientes, que empezaran a cerrar puertas y a condicionar el resto de su vida.
En torno a los treinta la mayoría elige la pareja estable y una profesión con que ganarse la vida. La borrachera de la juventud y despreocupación empieza a tocar fin. Puede haber experiencias positivas.  Para otros, los espejismos de la juventud desvelan un camino más accidentado y dificultoso del esperado. La vida empezará a propinar decepciones profesionales, personales, económicas, emocionales.
 Algunas personas llegan a la edad de la madurez adulta, en torno a los 35 años, escarmentadas por el dolor. Algunos deciden que las emociones son dañinas. Prefieren vivir con las emociones adormiladas o reprimidas con tal de no enfrentarse a sus efectos transformadores e intensos. En realidad la vida después de los 40 debería ser una vida rica psíquicamente: las emociones son tan rotundas como a los 20 años, pero se ha acumulado experiencia para hacer frente a la marea emocional, e intuición y confianza para recorrer el camino de forma más deliberada. Conocemos el valor del tiempo y sabemos que somos capaces de sobrevivir al dolor. Reconocemos instintivamente nuestros patrones negativos y  a veces podemos evitarlos, o incluso desactivarlos. Las inundaciones emocionales son menos frecuentes. Cuando entendemos las razones de nuestro desasosiego emocional, podemos razonarlo e incluso controlarlo. Con cada esfuerzo por entender y situar en su contexto nuestras emociones y nuestra vida salimos reforzados.
Otro elemento importante es la integridad, la fusión de la identidad pública y privada. Otra oportunidad que ofrece la madurez emocional es no confundir nuestro ser con nuestras circunstancias, sobre todo cuando estas se tornan difíciles. Los adultos emocionalmente maduros saben que el mundo es inseguro y cambiante y que nada externo puede darles seguridad real. Buscan, por tanto, esa serenidad en el interior. Así, cuando los problemas acechan es posible que hallemos en nosotros mismos un lugar emocionalmente seguro al que acudir el hogar invisible que todos llevamos dentro, aquel que los niños, en su infancia, necesitan ver proyectado en el hogar de sus padres.
Durante la juventud se lucha de forma casi física para conseguir una forma de vida determinada y reclamar un lugar en el mundo. La madurez supone una lucha basada en los valores conscientemente elegidos. Aunque es la época del reconocimiento de la realidad, es decir, de los límites, lo es también del desarrollo de la fuerza necesaria para superar los obstáculos, y de la capacidad de apartarse de forma consciente de determinadas formas de vida, influencia o personas. Todo ello implica riqueza y fortaleza interior, desde cualquier perspectiva vital o creencia que se tenga.

(Video) Susan Cain: El poder de los introvertidos – Yo Psicólogo — Yo Psicólogo

Estamos inmersos en una sociedad que tiene como cultura que el ser sociable y/o extrovertido es ser “mejor persona”, esto resulta ser un tanto dificil para alguien introvertido el lidiar con dicha cultura. Pero como Susan Cain argumenta en esta extraordinaria conferencia, las personas introvertidas presentan extraordinarias habilidades y talentos por las cuales se deberían […]

a través de (Video) Susan Cain: El poder de los introvertidos – Yo Psicólogo — Yo Psicólogo

Resumen libro

INTELIGENCIA EMOCIONAL, emociones, estrés y salud por Manuel Muñoz Heras, Edit. Libro Hobby Club, Madrid, 2010.

En 1990, Peter Salovey (Yale U.) y John Mayer (N. Hampshire U.) escribieron el artículo “Emotional Intelligence”, que fue luego popularizado por Daniel Goleman al publicar su libro (1995) con el mismo nombre. Estos dos autores definen la inteligencia emocional (IE) como “una habilidad para percibir, asimilar, comprender y regular las propias emociones y la de los demás, promoviendo un crecimiento emocional e intelectual”.

El aspecto fundamental de la IE es que las personas deben tener un control adecuado de las emociones. Se trata de un manejo adecuado de los sentimientos permitiendo que el corazón colabore con la razón en los aspectos vitales. Hay que encontrar un punto de equilibrio entre la razón y la emoción.

Hay que equilibrar las competencias racionales y emocionales. Debemos prestar mayor atención a nuestros sentimientos en vez de reprimirlos. Es importante cultivar la empatía, para mantener buenas relaciones interpersonales. Las personas emocionalmente inteligentes están más preparadas para hacer  frente a las adversidades y tienen una vida más adecuada que aquellos que se rigen solo por la razón.

5 de Componentes de la IE

Según Salovey y Mayor  como Goleman establecen 5 componentes que son: (1 a 3 están dentro de las competencias de carácter personal y 4-5 determinan el modo en que nos relac ionamos con los demás).

  1. Autoconocimiento emocional

 

Es la capacidad para reconocer los propios sentimientos, los estados internos y las intuiciones: la conciencia que uno tiene de sí mismo. Nos permite darnos cuenta de un sentimiento que se nos presenta.  Estos afectan nuestro comportamiento, debemos controlarlos  para   tomar las decisiones adecuadas. Los percibimos cuando se desbordan, sobre todo en momentos de tensión (ej. La ira, que no es culpa de la otra persona). Hay que tener control emocional, es necesario romper la barrera impuesto por los pensamientos, evitar que las emociones se desborden y actuar despasionadamente.

 

  1. Autocontrol emocional

 

Es la capacidad de controlar nuestras emociones, autorregulación de éstas. Se trata del control de los impulsos y estados internos, sobre todo los conflictivos. No se trata de reprimir nuestros sentimientos, sino expresarlos en su justa medida y establecer ciertos límites. Un enfado puede expresarse en una agresión. Es necesario ser capaz de tranquilizarse, liberando los estados de tensión o ira, que nublan el entendimiento y afectan la toma de decisiones. Esto nos permite influir positivamente en los estados emocionales negativos, disminuyendo la ansiedad y el estrés y aminoramos el coste de los conflictos. El control emocional nos permite mantenernos en equilibrio y nos proporciona serenidad para afrontar momentos difíciles. Las personas que saben controlarse y han aprendido a serenarse cuando se irritan o entristecen, pueden superar con mayor rapidez las adversidades que quienes carecen de esta habilidad.

 

  1. Automotivación

 

Es la capacidad para motivarse uno mismo dirigiendo todo nuestro potencial hacia una meta. Implica un esfuerzo constante, tenaz, mantenido y dirigido hacia un fin; en dicho esfuerzo colaboran emociones, actitudes, pensamientos, creatividad y lo que pueda contribuir a alcanzar ese fin. Las personas que saben dominar su impulsividad y son capaces de esperar el momento oportuno para conseguir su objetivo, alcanzan siempre el fin buscado y se encuentran conformes con sus logros. La motivación mantiene el esfuerzo contra viento y marea, aumentando la resistencia ante los contratiempos, conservando la iniciativa para seguir adelante y alcanzar finalmente dichos objetivos. Cuando se intenta alcanzarlos surgirán obstáculos en el camino. La atención debe fijarse en los objetivos y no en los contratiempos. Para ello, es importante la perseverancia, confianza y fuerza de voluntad para conseguir lo que se busca, conservar la tranquilidad, apoyarse en las personas adecuadas y establecer otras metas una vez superadas las anteriores.

 

  1. Reconocimiento de las emociones ajenas

 

La empatía es el reconocimiento de las emociones ajes, o sea la capacidad para apreciar las emociones de los demás. Saber lo que los demás quieren y necesitan, conocer las preocupaciones ajenas, permite una cálida y fluida comunicación emocional entre las personas. Cuanto más nos comprendemos a nosotros mismos, cuanto mejor percibimos nuestros sentimientos, mas facultados estamos para comprender los sentimientos de las otras personas. La empatía es la capacidad para ponernos en lugar de los demás, la habilidad fundamental para fomentar las relaciones sociales y crear vínculos personales. Hay que reconocer que podemos estar equivocados. La empatía depende de:

 

  1. Flexibilidad: escuchar a la otra persona sin imponerle nuestras ideas, sin que nuestro criterio sea el absoluto y definitivo. Debemos recurrir a la argumentación para poder trasmitir nuestra interpretación de los datos, siendo sensibles y receptivos a lo que la otra persona siente y piensa
  2. Asertividad: capacidad para expresar las propias opiniones, los sentimientos y las emociones sin complejos, de una manera tranquila, sin agresividad, temor o ansiedad. Esta capacidad contrasta con la agresividad y la pasividad.
  • Escucha activa: es necesario saber escuchar, debemos ser receptivos y tratar de entender todo aquello que la otra persona intenta trasmitirnos.

 

  1. Control de las relaciones interpersonales

Las habilidades sociales determinan la capacidad de un individuo para relacionarse con los demás. Saber actuar en línea con las emociones ajenas contribuye a la cordialidad, fomenta los buenos sentimientos, determina la capacidad de liderazgo y aumenta la eficiencia en las relaciones interpersonales. Conocemos a muchas personas, con algunas estableceremos algún tipo de vínculo, con otras no; unas nos gustarán mas que otras u pasaran a engrosar nuestra lista de amistades, mientras que otras nos dejaran indiferentes o las percibiremos como enemigos; pero aunque la relación será diferente con unos y otros, siempre nos resultara rentable que lo más eficaz y provechosa posible y para ello las habilidades sociales son la herramienta apropiada. Esta requiere:

  1. Separar las personas de las situaciones, problemas o circunstancias
  2. Centrarse en cuestiones comunes y no en intereses particulares
  • Buscar objetivos definidos y trabajar juntos en esta dirección
  1. Tratar siempre que el resultado favorezca a ambas partes.

Si nos relacionamos con éxito con nuestros semejantes seremos capaces de trabajar con ellos hacia una meta común, minimizaremos los conflictos, sustituiremos las disputas por la argumentación, aumentarán las conductas altruistas y haremos las relaciones entre las personas más cálidas y agradables.

Referencia: INTELIGENCIA EMOCIONAL, emociones, estrés y salud por Manuel Muñoz Heras, Edit. Libro Hobby Club, Madrid, 2010.