Luis Rosero M.
La guerra comercial que desató Trump ha traído una serie de efectos. En su propia economía, tuvo que cambiar su primera medida arancelaria por el impacto en los bonos del Tesoro de EE.UU., dólar e inflación y restricciones a la importación de insumos claves en la producción. En tanto que su política comercial llevó a un realineamiento de ciertos países con bloques comerciales. La UE ya planteó su estrategia para defenderse y los países en desarrollo, que exportan a EE.UU., han salido afectados y buscan individualmente defenderse. Finalmente, no solo se trata de una guerra comercial sino que la geopolítica esta jugando un papel crucial en todo el mundo.
Trump al cambiar las franjas arancelarias en el mundo lo hizo movido por sus efectos en su propia economía, por ello, estableció un arancel universal de 10%, excepto a China, justificándolo con la oportunidad de dar lugar a negociaciones bipartitas con los países y regiones. La segunda medida arancelaria buscaba equilibrar la balanza comercial de EE.UU. y otros objetivos cuyo logro ha causado efectos colaterales.
Ya señalamos que la segunda ronda de aranceles, establecidos por Trump, fue en parte para reducir el efecto sobre los bonos del Tesoro de EE.UU. que, al bajar su precio, elevo del costo de financiación del gobierno. Pero, además se vio obligado a retroceder por la caída del dólar. Si bien, el plazo de 3 meses para renegociar los aranceles es corto, el presidente norteamericano busca, además, reducir el déficit fiscal. Si bien, estos son los objetivos de política económica de mediano plazo, busca, en el largo plazo, como objetivo estructural, incidir en la relocalización de algunos sectores económicos en EE.UU. En efecto, los primeros efectos ya se están dando. Así, Hyundai trasladará la producción de algunos de sus modelos, de México a EE.UU., para tratar de evitar el cobro del 25% de esos vehículos, con lo que resulta afectada la economía mexicana. Por otro lado, Apple anunció el traslado a la India de los iPhone con destino a EE.UU. Recordemos que esta transnacional produce estos celulares en China. Así, resultaría parcialmente afectada este país que le disputa la hegemonía económica a EE.UU.
Sin embargo, el tratar de incidir en la relocalización de la producción de ciertos bienes en EE.UU. tiene sus restricciones. Así, algunos insumos tecnológicos se producen en China, ya que entre un 60 – 80% se produce en este país, o sea hay dependencia de las transnacionales norteamericanas de estos insumos, con un arancel alto a China, habría aumento de costo lo que afectaría a la industria de maquinaria industrial, equipos, hardware y automotriz. Ello explicaría, en parte, porqué Trump, elimino los aranceles a celulares, chips, computadoras, discos duros y otros componentes electrónicos. También, podría explicar el cambio respecto a China para establecer aranceles menores al 145%, como dio a entender Trump.
En cuanto al realineamiento de países con bloques comerciales. Brasil tiene como su mayor mercado de exportación a China, pero Lula ha planteado su independencia comercial frente a EE.UU. y China, quiere mantener las relaciones con los dos países, aunque ha criticado que EE.UU. plantee negociaciones arancelarias bilaterales y no multilaterales. La UE trata de reorientar su relación comercial con otras regiones y busca acercarse a Latinoamérica, principalmente con el Mercosur.
Trump al retractarse de sus planteamientos iniciales, cómo por ejemplo, el intento de destitución del presidente de la Reserva Federal produjo nerviosismo en el sistema financiero de EE.UU. y mundial, el efecto es generar incertidumbre en la economía. Consecuentemente, se produce cambios en las expectativas de los agentes económicos que no saben a qué atenerse con las declaraciones del magnate. Una variable clave, en la toma de decisiones, es la certeza en el rumbo de la política económica. Sin esta, las decisiones de inversión y consumo se ven alteradas afectando la macroeconomía y microeconomía. Pero parece que es una táctica de Trump para tratar de imponer sus condiciones.
Una cuestión muy clara en el magnate es su posición al negociar. Como señalamos, en la teoría de los juegos, los jugadores tratan de ganar la partida. Y para lograr ventaja en estos, lanza una amenaza creíble, lo que significa que no solo es capaz de hacerlo sino además de cumplirla porque tiene las condiciones objetivas para llevarla a la práctica. En la negociación arancelaria va a utilizar esta estrategia. Pero aplicarla en la economía depende de varios factores. Como hemos señalado, a corto plazo, no se podría intentar relocalizar la producción de algunos bienes en EE.UU. ya que este país depende de insumos extranjeros para elaborar productos de tecnología dura y automotriz. En la negociación arancelaria podría aprovechar el poder de monopsonio cuando se trate de un país en desarrollo. Pero, la negociación, entre países desarrollados resulta más complejo tratar de aplicar dicha estrategia. En parte por la dependencia de insumos extranjeros de EE.UU., y por otra, el riesgo de impactar en la inflación en su país y la posibilidad de una contrarréplica aplicando aranceles recíprocos. En fin, los resultados de las primeras negociaciones arancelarias darán luz de hacia quiere o puede ir el magnate. En el fondo, lo que busca EE.UU. es alcanzar un cambio de su modelo de producción y su relación con el sector financiero en el contexto de formas de producción corporativas (transnacionales). Pero, en el mercado mundial, se impone la relación entre el desarrollo tecnológico y el avance científico, las economías a escala y de ámbito, el aumento de la productividad, etc. como medio para producir a bajo costo. La transnacionalización de la economía, en el marco de la globalización, tiene sus efectos en los países que tiende a provocar producción corporativa, el poder oligopólico (control de precios), concentración de los ingresos y riqueza así como una creciente desigualdad social.