Luis Rosero M.
Además de la estimación a la baja del crecimiento de 2023, por el Banco Central, se suman otros factores que van configurando una crisis económica para este año y se van formando nubarrones para 2024-2025, escenario muy preocupante dado la grave crisis política y social del país.
Como señalé, en el artículo anterior sobre este tema, el Banco Central redujo la estimación del crecimiento económico a 2.6%, lo que implica desaceleración de la economía en 2023. El FMI, por otro lado, anunció que Ecuador crecería 2.9% en dicho año. Sin embargo, como he sostenido la caída de la actividad económica mundial y los problemas económicos internos llevarán a que el país crezca a un ritmo menor incluso a la de la proyección del Banco Central.
Un primer factor que abona, en esa dirección, es el juicio político al presidente que conduce a un período de incertidumbre económica y expectativas negativas de los empresarios que se abstendrán de invertir hasta conocer la decisión de la Asamblea sobre la permanencia en el cargo del ejecutivo. Adicionalmente, hay un grave crisis de confianza en el gobierno que incide también en la economía. Un segundo factor, que da señales de la tendencia señalada, es el menor crecimiento del crédito en el primer bimestre de 2023 comparado con el mismo período de 2022. Según la banca, el elevado costo del financiamiento externo para el sistema financiero explicaría el menor dinamismo del crédito. El mayor costo de acceso al crédito externo esta relacionado con el riesgo país. A el 20 de Abril, de este año, éste llegó a 1878 puntos. El Banco Central ya planteó un subsidio a la banca para reducir el mayor costo del financiamiento, propuesta que debe analizarse con cuidado dado los efectos que generaría tanto en el sistema financiero como en la rentabilidad de dicho banco que se vincula al presupuesto del estado.
A medida que avanza el fuerte período invernal aumentan los daños por las inundaciones y deslaves que provoca muerte, destrucción de viviendas, carreteras y afectación de negocios, lo que implica la reducción de la actividad económica en los sectores afectados en varias regiones del país. A eso, se suma la estimación de la NOAA (el organismo del clima de EE.UU) para el desarrollo del fenómeno de El Niño en el segundo semestre de este año. Según el COE, este fenómeno natural causaría mayores efectos en 17 provincias del país. Las experiencias vividas, por el país, en 1982 y 1997, revelan la capacidad de destrucción de este fenómeno natural tanto en la población, infraestructura física y en la economía.
Por otro lado, la tendencia a la desaceleración de la economía mundial reducirá el ritmo de las exportaciones ecuatorianas que fueron un puntal en el período de pandemia. A eso debemos agregar, la fracasada estrategia económica del gobierno de atraer inversión extranjera a través de maquila, que no se ha dado por no haber entrado el país a la Alianza del Pacifico. Más aún, en condiciones de desaceleración, el gobierno insiste en mantener su política de ajuste reduciendo el gasto de inversión y social, contribuyendo a menor actividad económica.
A eso se añade, que el gobierno ha seguido una política agresiva de endeudamiento externo con los organismos multilaterales. El total de la deuda pública, a Enero de 2023, alcanza 62132 millones de dólares, de los cuales el 76.7% corresponde a deuda externa de la que, con organismos internacionales, suma 23919 millones, a Enero de 2023, representando la mitad de la deuda externa del país. Solo al FMI, se le adeuda 8200 millones, a marzo de este año. Lo riesgoso de esta política de endeudamiento es la sostenibilidad de la deuda. En 2024 y 2025, el país enfrentará fuertes egresos por pagos de la deuda externa que, en una tendencia a la desaceleración económica, conduce a escenarios de posibles acuerdo para el pago de este tipo de deuda.
En síntesis, por los factores señalados, el escenario mas probable es la desaceleración económica e 2023, mas aún si se registra el fenómeno de El Niño, y problemas de sostenibilidad de la deuda en 2024-2025.