LULA ENFRENTA EL GOLPISMO Y SUS RETOS SON REDUCIR LA POLARIDAD, LA DESIGUALDAD Y EL AUTORITARISMO

Luis Rosero M.

Con acciones, sin precedentes, parecida a la toma del Capitolio, Lula está enfrentando el intento de golpe de estado que muestra el arraigamiento del autoritarismo institucional y de lo que es capaz la corriente ultraderechista para mantenerse en el poder. Sus seguidores tomaron los edificios de las tres funciones del Estado: Ejecutiva, Legislativa y Judicial símbolos de la democracia. Es el reflejo de la antidemocracia, actitud dictatorial e imposición de la fuerza para controlar la sociedad. El triunfo de Lula, por escaso margen, revela la polaridad de la sociedad brasileña, como la ideología extrema puede afectar a un país y el resurgimiento de las vertientes autoritarias, en el poder, que marcaron un camino peligroso contra la democracia. Con el nuevo Presidente, renace la esperanza de la reducción de la desigualdad y un camino para mayor bienestar social. A nivel de la región, retomaría el liderazgo en América Latina y es un aliento para la integración latinoamericana.

Bolsonaro, de extrema derecha y seguidor de Trump, siguió una política social y económica que afectó a la sociedad brasileña. Como negacionista del covid llegó al extremo de esconder las vacunas y tardar en su aplicación causando miles de muertes que se pudieron evitar; marcó un record histórico en la deforestación de la amazonia y negaba el cambio climático; aumentó la pobreza y el hambre y, solo, al fin de su mandato, utilizó la política social para tratar de reelegirse pero ya la desigualdad había aumentado a niveles sin precedentes; con su estilo autoritario utilizó el poder para imponer muchas decisiones por la fuerza; además de misógeno es racista, homofóbico, etc.. Mostró ser antidemocrático al tratar de impedir la investidura de Lula y volvió a realizarlo ayer, cuando sus seguidores, insistieron en que Lula deje el poder. Lo anterior, solo en sus 4 años de mandato, causó un grave daño al país.

Esta situación, el aumento de la desigualdad y pobreza, la alianza del Partido de los Trabajadores con partidos de varias tendencias, incluida la derecha, pesaron mucho más, en la elección presidencial, que las acusaciones de corrupción contra él y su gobierno. Sin embargo, Bolsonaro, apoyado en la extrema derecha y los evangélicos, lograron imponer valores y una cultura conservadora que casi le permiten la reelección. Después de los 2 gobiernos de Lula y Dilma, ha habido un gran cambio económico en el país con la desindustrialización, reprimarización de la economía y más concentración del ingreso y de la riqueza.

Lula deberá enfrentar, en lo político, la polarización del país con una extrema derecha que mantiene, además del poder económico, el control del Congreso, la mayoría de gobernadores del país bolsonaristas y  la corriente autoritaria institucional. En lo social, su principal reto es frenar el aumento de la pobreza y el hambre de 30 millones de brasileños; en lo económico, tendrá que gestionar la reactivación económica así como el déficit fiscal y, en lo ambiental, detener la deforestación de la amazonia.

En lo social, en 2021, la pobreza representó el 29.4% de la población (62.5 millones), un aumento de 22.7% en solo un año, mientras que la extrema pobreza alcanzó 8.4%, en tanto que, en las regiones mas pobres, noreste saltó a 48.7% y en la Amazonia 44.9%, que son justamente las que fueron decisivas para el triunfo de Lula. En sus dos primeros gobiernos pudo sacar de la pobreza a 30 millones y ahora debe hacerlo nuevamente pero se topa con las restricciones presupuestarias, sobre todo, para el programa Bolsa Familia y el gasto social. Sin embargo, a fines de diciembre de 2022, el Congreso aprobó la propuesta del incremento del gasto social propuesto por el presidente electo, lo que le posibilita ampliar el subsidio a los más pobres.

En lo económico, el escenario es complejo ya que China, EE.UU. y la UE desaceleraran sus economías en 2023 y el FMI anunció que, además, una tercera parte de la economía mundial entrará en recesión. Si China desacelera su economía importará menos productos agropecuarios de Brasil, lo que tendrá un efecto sobre su crecimiento y, con lo cual, se complica el cumplimiento de sus promesas de campaña.

En lo ambiental, su reto será parar la deforestación de la amazonia. Así, en el gobierno de Bolsonaro, ésta se incrementó en un 60% al permitir la explotación de recursos naturales y pone en peligro al pulmón del mundo. La Ministra de Ambiente, Marina Silva, que ocupó esa cartera, en los gobiernos anteriores de Lula, declaró que la gestión de Bolsonaro “fue escenario de actos contra la propia democracia, la ciencia, la salud, el medio ambiente y a propia vida ” y que establecerá un plan de acción para prevenir y controlar la deforestación de la amazonia, señaló además que los pueblos indígenas y defensores del medio ambiente sufrieron por la violencia y del desmantelamiento de los organismos de protección ambiental.

En síntesis, Lula enfrentará el reto de cumplir con sus promesas electorales. La ventaja que es un político pragmático que deberá negociar con las fuerzas políticas para lograrlo. Lo cierto es que puede poner freno a la irracionalidad del bolsonarismo que, a más del daño ambiental, aumento de la pobreza, etc., generó un estilo autoritario para imponer, apoyado en la extrema derecha y utilización de la iglesia evangélica, sus decisiones que es realmente un peligro para la sociedad y la democracia de su país. Concluimos este artículo, en la noche de ayer, esperando que las fuerzas democráticas se impongan y se establezca un acuerdo de unidad nacional para impedir el avance del autoritarismo y que la élite entienda que son los problemas estructurales que hay que atacar reduciendo la desigualdad, pobreza y hambre, generando desarrollo económico para generar empleo, crecer y competir en la globalización a fin de mantener la paz social y mejorar el bienestar de la población.

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