Luis Rosero M.
La protesta social estalló en Colombia, que ya lleva dos semanas paralizando al país, como repuesta al grave deterioro de las condiciones económicas y sociales desnudadas por la pandemia y agravada por un modelo de corte neoliberal que han empobrecido a la población y clase media, que es un reflejo de lo que sucede en A. Latina.
En Chile, a comienzos de Octubre de 2019, el gobierno decidió incrementar el precio del pasaje del metro. Esa fue la punta del iceberg que desató la protesta de la población en las calles. A mediados de ese mes el gobierno se vio obligado a suspender dicha alza, pero las protestas en varias ciudades continuaron. La represión fue brutal y causo más de 20 muertos. El gobierno, frente a la presión popular, pidió perdón por su falta de visión social y anuncio una serie de reformas sociales. Son varios los factores que están detrás de la revuelta: la concentración del ingreso y la riqueza, que produce desigualdad brutal entre ricos y pobres; la aplicación de un modelo económico neoliberal que le ha puesto precio a todo, hasta el agua. Para ir a la universidad, los padres requieren de un crédito para cubrir el costo de los estudios, el precio de los servicios básicos tienen niveles internacionales, etc. La pobreza ha crecido y, la vida en las comunas –barrios marginales-, es cada vez más crítica; el papel de los estudiantes, fue clave para el inicio de la protesta a las que se sumaron pobres, trabajadores y campesinos. La protesta continúo más de un año y fue aplacada parcialmente por la pandemia. Tal ha sido, la repercusión de la protesta que los manifestantes han logrado que se entregue 20% de los fondos de las AFP (en 2 partes), el llamamiento a elecciones para elegir los miembros que integren una Asamblea Constituyente que cambie la Constitución de Pinochet. Un logro sin precedentes del estallido social.
En Ecuador en ese mismo mes y año, se desató la protesta social con la marcha indígena que obligó al gobierno a retirar el proyecto del alza de los precios de los combustibles. Sin embargo, la pandemia –que obligó a la desmovilización social- fue aprovechada por el régimen para liberalizar el precio de los combustibles y aprobar una serie de leyes que impusieron una flexibilización laboral y nuevos impuestos. A más de eso, mayor deuda externa, convenio con el FMI y medidas económicas antipopulares, mal manejo de la pandemia, vacunación VIP, corrupción y con la declaración del Presidente “Ojalá yo tuviera un mejor pueblo”, se tiene una idea de la clase de gobernante que tenemos.
En Colombia, como en Chile, el detonante de la protesta social fue el aumento del costo de la vida, que iba a aumentar con los impuestos contemplados en el proyecto de reforma tributaria que, entre otras cosas, aumentaba el IVA a la canasta básica. El estallido social, que se potenció con una huelga general, lleva más de una semana, en varias ciudades, y la represión brutal fue la repuesta del gobierno dejando ya más de 30 muertos y 80 desaparecidos, hasta el momento, en manos del Escuadrón Móvil Antidisturbios. Ni los acuerdos de paz, con los guerrilleros, con su desarme, la muerte de Escobar y ni los llamados al dialogo por parte del gobierno han parado la protesta social. Es que hay causas estructurales: pobreza por ingresos de 21 millones de personas (el 42.5% de la población); según una encuesta del DANE, de Marzo de 2021, el 57% las familias, de 4 miembros o más, declaraba que su situación económica era peor que hace un año, y 79.5% de éstas consideraba que no tiene posibilidades de comprar ropa, zapatos, alimentos, etc., el desempleo de hombres era 22.5% y el de mujeres 42.1%. A eso se suma, que la mayor parte de la tierra está en manos de terratenientes, el estado y la iglesia.
Pero esta situación no es nueva. En la novela gráfica El olvido que seremos, adaptada por Tyto Alba de la novela de Hector Abad F. (2006), dedicada a su padre. Un médico, con conciencia, que hacía labor social en los barrios pobres y hospitales, retrata ya en 1945 la situación social de Medellín caracterizada por el hambre, desnutrición, carencia de agua potable, concentración de la riqueza, pobreza, desigualdad, miseria, violencia. Además, señala que fueron asesinados sus amigos progresistas y que tenían ideas liberales y luchaban contra los conservadores apoyados por la iglesia. Finalmente su padre fue asesinado por los paramilitares en Octubre de 1987. Es esta situación lo que llevo al surgimiento de la guerrilla. En síntesis, el estallido social en el fondo es por la desigualdad, pobreza, desempleo, corrupción, represión a la protesta social y militarización. La población sigue dando lecciones: el único lenguaje que entienden los gobiernos es la protesta en las calles. Solo con ésta habrá posibilidades de algunos cambios en la política social y económica, pero a un alto costo de vida humanas. Es el precio que tienen que pagar los marginados por mejores días para sus familias.