Hay características permanentes de la personalidad: comportamientos, motivaciones y cualidades, que se han formado por el origen y el entorno, la socialización y la educación, del aprendizaje y de la adaptación. Con esas características cada persona puede decidir entre determinadas ideas y comportamientos. Para su crecimiento puede trabajar en sus puntos fuertes y capacidades o dedica atención a sus puntos débiles. Tiene que hacer una elección para el desarrollo de su personalidad.
Las personas se diferencian por el modo que perciben del mundo y a quienes les rodean y por su manera de procesar y evaluar dicha percepción. Cada uno se orienta ya sea por sus sentimientos, o por el intelecto o su instinto. Su visión del mundo y estas orientaciones determinan ciertas modalidades de percepción y comportamiento, o sea los estilos de personalidad.
Cada individuo busca su crecimiento personal, pero como lograrlo. Tratamos de ser independientes, maduros y responsables, pero surgen dificultades para ello. Una orientación puede ser tomar de modelos a otros, pero las personas son distintas y por ende también sus ideas. El desarrollo personal pasa por saltos, por una espiral. Para moverse dentro de este necesita recursos determinados según su personalidad. Que recursos son ésos y cómo se han de combinar según cada personalidad es lo que describe el eneagrama.
Cada uno tiene motivaciones y comportamientos diferentes, y en cada día tiene un estado de ánimo diferente. El eneagrama explica la personalidad en función de las circunstancias vitales, las fases del desarrollo y el grado personal de madurez, con distintos matices. Cada cual tiene cualidades problemáticas o positivas y busca el despliegue de su potencial para el proceso de maduración y alcanzar el crecimiento del personal y equilibrio.
El eneagrama es una teoría de nueve estilos o modelos de personalidad. Estos aparecen, según las circunstancias vitales, las fases de desarrollo y el grado personal de madurez, con distintos matices que van desde lo inmaduro/destruido hasta lo maduro/desarrollado, pasando por el término medio.
Cada tipo de personalidad tiene una forma de percibir el mundo y de procesar y evaluar dicha percepción así como motivaciones, una imagen del yo y valoraciones fundamentales. Cada estilo de personalidad, en síntesis, posee una modalidad de percepción y conducta. O sea establece estrategias para hacer frente a la vida y tiene centro de energía.
Estos centros son: las entrañas (instintos), el corazón y la cabeza. A cada uno de los 3 principales centros de energía le corresponden 3 modalidades de personalidades. La ira es una energía que tiene su origen en las primeras (8, 9 y 1); las soluciones intelectuales provienen de la cabeza (7, 6 y 5); y los sentimientos como la compasión o alegría proceden del corazón (4, 3 y 2). Los tipos regidos por el corazón se orientan por sus sensaciones subjetivas y a su relación con los demás; los tipos regidos por entrañas insisten más en su autonomía y en encontrar y afirmar su sitio; y los tipos regidos por la cabeza utilizan su inteligencia y la observación para entender las conexiones existentes en una situación.
Debemos satisfacer necesidades básicas corporales y psíquicas. Las primeras se refieren al hambre, la sed y el sueño que aseguran nuestra supervivencia Las segundas se relacionan con la seguridad, pertenencia, valoración, autoafirmación y autonomía.
Para los tipos regidos por el corazón los temas recurrentes son en el ámbito con relación a los demás. Sufren cuando su necesidad de pertenencia, reconocimiento y valoración no es suficientemente satisfecha. A los tipos regidos por las entrañas lo importante es posicionarse y afirmar su lugar en el mundo. La necesidad de autoafirmación y autonomía son prioritarias. A los tipos regidos por la cabeza les preocupa orientarse en el mundo, desarrollar la confianza en sí mismos y comprobar quien y que es digno de confianza. Ansían sobre todo seguridad y orientación.
Los estilos de personalidad pueden se pueden describir en varios planos:
1. Identidad: es la imagen de nosotros mismos, describe como aspiramos ser. Esta imagen está vinculada con nuestros valores y las convicciones internas permanentes de nuestra personalidad.
2. Valores/convicciones: que valores, convicciones y nociones básicas (principios de fe) tenemos. Estas últimas son presuposiciones generalizadas y dirigen nuestra percepción y nuestra conducta de manera en gran medida inconsciente.
3. Capacidades/recursos: constituyen un fondo al que se puede recurrir para mostrar una determinada conducta
4. Conducta: comportamiento
5. Entorno: de cosas y personas que ejercen un intercambio reciproco que influye sobre cada uno de nosotros.
Cada uno de nosotros actuamos en estos planos. Estos comportamientos tienden a ser automáticos. De niños desarrollamos estrategias y modos de comportamientos con los que deseamos agradar a los adultos. El estilo individual de personalidad se forma como repuesta del niño a un apuro por el experimentado, es por tanto una estrategia de supervivencia. El resultado de esta estrategia inconsciente frente a circunstancias adversas es nuestro modelo de personalidad. Estas capacidades del ego también desempeñan en la juventud y adultez un papel importante en situaciones vitales. Por otro lado, hay capacidades del ego que son parte de nuestros recursos, pero el riesgo es limitarse a un limitado repertorio de conductas que se desarrolla como programadas. Si queremos encontrar nuestro verdadero yo tenemos que desarrollar nuevas estrategias, no las automáticas que ejecutamos inconscientemente. Esas son una especie de frutos espirituales, capacidades nuevas que adquirimos realizando tareas vitales individuales y trabajando en nuestros temas recurrentes. Son las capacidades que nos hacen libres para ser realmente nosotros mismos. Son actitudes básicas de las personas maduras. Estas tareas y trabajo nos plantean un reto y son sanadoras, hace crecer nuestro verdadero yo y nos convertimos en personas maduras.
En la vida cada uno, con su estilo de personalidad, enfrenta trampas, tiene evitaciones típicas y mecanismos de defensa, influyen en el comportamiento que, si son recurrentes, nos entorpece el camino para reconocer nuestros anhelos más profundos, dar espacio a nuestras verdaderas necesidades y superar nuestros miedos. Por ello descuidamos nuestro centro principal de energía debido a nuestra orientación fundamental.
FUENTE: Gruhl, M. El eneagrama, estrategias para el propio desarrollo, Edit. Sal Terrae, Santander, 2007