La ansiedad es una experiencia emocional que se caracteriza por una sensación de miedo difuso e inespecífico provocado por una posible amenaza. La ansiedad es una emoción secundaria derivada de una primaria, el miedo, con rasgos de anticipación e incertidumbre. Esta genera una serie de repuestas fisiológicas y emocionales (angustia, etc.).
El miedo es una emoción negativa pero que nos pone en un estado de alerta ante un peligro que genera una repuesta (lucha o huida) y una estrategia de afrontamiento. Ante un peligro real buscamos como defendernos lo que nos genera un miedo intenso. En cambio, también hay un miedo excesivo o sea desproporcionado respecto al estímulo que lo ha causado y que nos genera ansiedad. El miedo puede ser real pero también hay miedo que se basa en los pensamientos, situaciones que no han ocurrido, imaginarias y que anticipamos. Las repuestas fisiológicas serán las mismas en las situaciones reales de peligro o un evento de estrés.
La ansiedad genera sensaciones negativas que se origina por señales de alarma que emite nuestro cerebro, que se provocan por elementos internos o externos como un estímulo que provoque miedo o problemas en las relaciones interpersonales. Puede darse por alguna experiencia del pasado y que se guarda en la memoria. Estos hechos quedan grabados de manera inconscientes y se evocaran, de forma automática, en cualquier momento de la vida. Esto puede generar un miedo excesivo, que es un trastorno patológico, que se traduce en ansiedad.
Los trastornos de ansiedad incluyen a: pánico, trastorno obsesivo-compulsivo, trastorno de estrés postraumático, fobia social, fobias específicas y trastorno de ansiedad generalizada.
El estrés crónico proviene del impacto del estrés negativo que se mantiene sostenida y prolongadamente causado por diferentes estresores como los provenientes del entorno. Este se refiere a los elementos externos (psicosociales, pero también tenemos internos. La repuesta a este tipo de entorno se torna en mal adaptativas. Este tipo de estrés provoca efectos fisiopatológicos y que son más fuertes en personas vulnerables dependiendo de los factores psicológicos y neurobiológicos, genéticos y del entorno. En los primeros, inciden como se vivió la infancia. Si hubo maltrato, abandono, abuso, violencia o negligencia se generan traumas que afectan a la personalidad del individuo. También se cuentan entre estos factores los esquemas cognitivos disfuncionales que incluye creencias y pensamientos limitantes y otras distorsiones cognitivas (estresor interno). Estas generan una visión distorsionada de la realidad., que termina afectando nuestra autoestima.
Entre los factores neurobiológicos tenemos que, con estrés crónico, hay una actividad excesiva del sistema nervioso simpático que genera ansiedad crónica y del SNE que lleva a una hiperactividad del eje HPA con lo que aumenta el cortisol la hormona del estrés crónico que a su vez puede generar aumento del colesterol y triglicéridos, que lleva un síndrome metabólico que puede llevar a obesidad, diabetes e hipertensión. Si bien el aumento del cortisol tiene efectos antiinflamatorios, el aumento crónico de éste se ha relacionado con una deficiencia del sistema inmune.
También, dentro de estos factores, se incluyen los desequilibrios en los neurotransmisores y la disminución de la serotonina en el hipocampo (órgano que controla las emociones). Así como la predisposición genética, debido a polimorfismos genéticos.
En cuanto al entorno, tenemos problemas, dificultades y situaciones no resueltas (en el trabajo, con la pareja, economía, de salud, relaciones sociales, en los estudios, etc.) que tienen sus causas reales, en exageración o irreales que se van acumulando generando preocupaciones excesivas que conducirán a la ansiedad o trastorno de ansiedad generalizada. Este último se caracteriza por una ansiedad persistente, que se refleja en un temor constante y difuso con preocupaciones continuas. Nos sentimos estresados y cansados para llevar a cabo nuestras tareas, concentrarnos y mente difusa. También puede haber irritabilidad, poca paciencia para escuchar a los demás, incomodidad continúa, dificultad para relajarnos y disfrutar del momento. Puede llevar al insomnio y desencadenar dolores difusos en el cuerpo, por la tensión muscular constante, como el de espalda, en la región lumbar y en el cuello y dolores de cabeza. Este trastorno también puede llevar a la depresión. Los síntomas de este trastorno, según el hospital Gregorio Marañon, de Madrid, se pueden resumir así: 1 .Expectación aprensiva: anticipación que algo va a ocurrir, temores difusos y gran inseguridad. 2. Tensión motora: incapacidad para relajarse, tono muscular estriado aumentado. 3. Hiperactividad autonómica: menos frecuentes y graves que los de tipo cardiocirculatorio y respiratorio de la crisis de pánico y 4. Vigilancia y escrutinio: hiperalerta, distraible e irritable. Entre los efectos del estrés psicosocial están el burnout y los psiconeuroendocrinológicos.
FUENTE: Hernandez, M., Apego y psicopatología: la ansiedad y su origen, Edit. Desclée De Brouwer, Bilbao, 2019; Tafet, G., El Estrés, Edit. Emse Edap, España, 2018, y, Ansiedad y Depresión, Edit. Emse Edap, España, 2018; Instituto Nacional de Salud Mental, Trastornos de Ansiedad, http://www.nimh.nih.gov
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