Luis Rosero M.
Por efectos de la crisis económica que se venía arrastrando desde 2019 y por el coronavirus en el 2020 habrá, según estimaciones de organismos internacionales y el Banco Central una fortísima contracción de la economía que implicará una gravísima crisis social con el aumento exponencial de la indigencia y el hambre.
En efecto, el FMI prevé una caída de -10.9% del PIB, mientras que el Banco Mundial predijo sólo de -7.4%, por otro lado, la CEPAL proyecta un -9%, en tanto que el Banco Central estima una contracción entre -7.3 (escenario optimista) y -9.6% (escenario pesimista). El año pasado, el FMI, proyectó una contracción de -0.5%, lo que implica que la crisis económica viene desde 2019, la cual se agrava en el presente año por la pandemia. En la crisis bancaria de 1999 la caída de la economía fue de 4.7%, en 2020 sería más del doble lo que implica una contracción brutal de la economía.
El informe de Cuentas Nacionales, del Banco Central, establece que en el I Trimestre de 2020 se contrajo -2.4%. El factor que aportó positivamente al crecimiento fueron las exportaciones que, paradójicamente, crecieron (3.6%), mientras los que los rubros que influyeron en la contracción fueron la inversión (-6%), los gastos de consumo del gobierno (-5%) y el consumo de los hogares (-0.6%). El I trimestre de este año no registra el mayor impacto de la pandemia. La paralización de las actividades económicas comenzó el 17 de Marzo con lo que podríamos deducir que la contracción en dicho trimestre se debe a la crisis económica que se venía arrastrando. El impacto más fuerte en el PIB, por la pandemia, se da en el II Trimestre, principalmente por la paralización de las principales actividades económicas, y, contribuyó a la contracción, el Ministerio de Finanzas, en el primer semestre de 2020, buscando reducir el déficit fiscal, al cortar el gasto corriente en 815 millones de dólares entre los que están el gasto de personal (- 182 millones), de bienes y servicios (- 277 millones) y gastos permanentes (- 280 millones). En el segundo trimestre (Abril – Junio) la contracción de la economía sería al menos de 6%. Otro dato confirma la crisis en este periodo, pues la inflación en Junio de 2020 fue negativa en -0.62%, lo que implicaría el fenómeno de la deflación que, entre otros indicadores, implica una contracción de la demanda agregada como ya la reflejan los datos del consumo de familias, gobierno e inversión en el I trimestre de 2020.
El impacto social de la crisis económica que se venía arrastrando como de la pandemia fue principalmente en empleo. En efecto, el IESS reportó que entre marzo y junio se desafiliaron 270.638 trabajadores y empleados. En marzo salieron 18.586, lo que confirma mi hipótesis de que el mayor impacto de la pandemia será en el segundo y tercer trimestre. En efecto, las cifras lo confirman, pues en abril se desafiliaron 111.700 y en mayo 109.822. Estas cifras reflejan los despidos realizaron las empresas que paralizaron las actividades o quebraron en esos meses, lo cual aumentó el desempleo y subempleo. Pero esto corresponde al empleo formal. Sin embargo, hay que incluir en la problemática del mercado de trabajo, al sector informal, que incluye entre otros a los de venta callejera, microempresarios, artesanos, etc., sumando más de un millón de personas. La pérdida de ingresos tanto de los trabajadores formales e informales, por la pandemia, a partir del II trimestre, generó una terrible crisis familiar pues al no recibir sus sueldos o salarios no tenían para alimentar a sus familias, además del pago de los servicios básico –que paradójicamente aumentaron sus tarifas- y las deudas que ahogaron sus finanzas. Esta crítica situación de desempleo y subempleo llevó al aumento del trabajo infantil. Ya lo habíamos señalado en un artículo anterior al señalar: “Más aún, una funcionaria de Aldeas Infantiles, SOS Ecuador, informó que existen 375.000 niños y adolescentes ejerciendo el trabajo infantil cuando en 2018 este llegaba a 201634, o sea un aumento de 86% en 18 meses, 2019 y la mitad de 2020, reflejando la desesperación por cubrir las necesidades básica que lleva a familias pobres a que sus niños trabajen para llevar algo de ingresos a sus hogares.”
Otro efecto social, de la crisis económica y de la pandemia, es el aumento de la pobreza. En efecto, el último dato oficial de esta variable es de diciembre de 2019. No se han publicado las cifras oficiales de empleo, desempleo y sector informal de 2020 así como las de indigencia y hambre, pero por las cifras que hemos dado antes, es de suponer un fortísimo crecimiento, por lo que a partir del segundo semestre de este año, ya se hace visible el hambre y, en consecuencia, el aumento de la violencia, la delincuencia y el crimen que, en parte, se origina en la necesidad de la subsistencia en esta gravísima crisis económica y social.