El planteamiento del constructivismo es que la actividad más central y continua de los humanos es interpretar la realidad, las que se realizan en función de la teoría personal. Esta se ha formado con las influencias de nuestra familia y entorno cercano, siendo el elemento determinante de la personalidad.
Kelly criticó los constructos académicos teóricos y planteó los constructos de los individuos. Según el, las teorías personales están elaboradas por constructos personales. Estos se van formando, en el proceso de la vida, y toman el carácter de dicotómico, por el ej. una persona puede ser honrada o tramposa. Al interactuar con las personas, construimos un esquema de cómo son ellas para anticipar como se comportarán y como responderán a nuestros proyectos personales. Les atribuimos características.
Los constructos se forman otorgándole un valor muy positivo a la diferencia y tienen un significado personal basadas en mi experiencia. En la vida vamos acumulando constructos que están interconectados jerárquicamente, que generan la matriz del significado personal: el sistema de constructos personales.
En síntesis, cada persona elabora una teoría personal hecha de constructos personales, que son distinciones de la experiencia, diferencias que hemos notado e incorporado a nuestro sistema, a nuestro marco interpretativo. Para comprender el significado personal de una apreciación (ej. honesto) es necesario conocer su opuesto. La dicotomía (el opuesto) y las asociaciones de una apreciación definen su significado.
El estudio del sistema de constructo nos ayuda a entender las gafas con que la persona ve la realidad. Es un instrumento muy valioso para el análisis de la personalidad.
El sistema de constructos personales define el mapa personal que nos sirve de guía para explicar e interpretar la experiencia y anticipar los acontecimientos. El ser humano aprende de la experiencia y ello se sirve para afinar el sistema de constructos personales. El constructivismo plantea que partimos, en la vida, con una teoría muy simplista de la realidad y, con la experiencia, la vamos enriqueciendo y a medida que crecemos la vamos mejorando.
Así, la personalidad se puede valorar en función del grado de desarrollo que ha alcanzado su teoría personal, es decir, de lo rica y compleja que es según la multidimensionalidad y flexibilidad del sistema de constructos de la persona. De esta manera, nuestros constructos personales nos proporcionan una esquema sobre la realidad que nos permite predecirla y operar sobre ella, pero si estos son muy simplificados, nos pueden conducir a una forma rígida de pensar y actuar.
En consecuencia, los constructos cambian con la experiencia, reconstruirlos para que nos den una representación más fidedigna de la realidad. Tener pocos constructos o constructos no suficientemente validados nos puede generar problemas, sobre todo en el caso de que en la vida empiecen a ocurrir cosas a las que tenemos que dar significado para lograr situarnos, responden y tratar de llevar adelante nuestro proyecto personal.
FUENTE: Feixas, G. i Viaplana, Personalidad, Edit. Emse Edapp, España, 2018