EL IMPACTO DEL CORONAVIRUS, LAS MEDIDAS DE PREVENCIÓN Y LAS DE APOYO AFECTAN A TODOS Y AL PAÍS (I) Luis Rosero M.

El mundo sufre las consecuencias de la pandemia del coronavirus tanto en la salud pública y  por los efectos económicos y sociales que ha obligado a tomar medidas sanitarias extremas, confinamiento de la población y medidas económicas, dictadas por los gobiernos, para enfrentar el impacto de  contracción económica, que fundamentalmente son de apoyo a los sectores productivos y población afectada. Entre los impactos económicos está la recesión mundial y, según la OIT,  la pérdida de 25 millones de empleo. En  el  Ecuador el coronavirus vino desde el exterior y el gobierno ha tomado las medidas sanitarias que han aplicado los países  más contagiados y otras así como las de carácter económico. En este artículo trataré sobre el impacto económico de muy corto plazo de las medidas de prevención y de apoyo.

El 16 de Marzo el Ministerio de Salud reportó 58 contagiados, el 17 de este mes, COE reporta 111 casos y el Servicio de Gestión de Riesgo informó que el 22 de Marzo ya subieron a 789 casos, con 14 fallecidos, siendo la provincia del Guayas la más afectada con 607 contagiados, principalmente en Guayaquil con 408 casos. El gobierno ha dictado medidas sanitarias y de otro tipo para reducir la tasa de contagio. El 12 de Marzo dictó la emergencia sanitaria y el 16 de este mes emitió un decreto declarando estado de excepción que, principalmente, suspende el derecho de libertad de tránsito, de movilización de personas, prohíbe la jornada de trabajo por una semana y además toque de queda.

Los efectos económicos internos, de muy corto plazo, de estas medidas se comenzaron a sentir desde el 12 y 16 de marzo, en Quito, con compras masivas en supermercados para abastecerse de alimentos. Desde el 17 de Marzo se inició la especulación en mercados, sobre todo en Guayaquil, de los productos agrícolas de la sierra, subiendo sus precios  y también de algunas medicinas. El decreto señalado permite que sigan funcionando los sectores de alimentación, salud, los servicios básicos, las exportaciones, industria agrícola, ganadera y de cuidado de animales. Los supermercados, expendio de víveres  y medicinas no suspenderán los servicios. También funcionaran los bancos, servicios públicos básicos, aeropuertos y los terminales marítimos, terrestres y fluviales. Todas las otras industrias y comercios paralizarán la producción. Esto implicará un impacto interno sobre la economía nacional que significará pérdidas para las grandes y medianas empresas y a una contracción del PIB, con su efecto negativo en el empleo e impacto sobre las variables sociales.

 La suspensión de la jornada laboral de los sectores públicos y privados, por una semana, con carácter obligatoria, y,  el confinamiento en los hogares, llevó a una caída de la demanda, por lo que se ven afectados los emprendimientos, las microempresas, pequeños negocios y empresas que por no poder vender tendrían pérdidas en este período. Pero el mayor impacto, en términos del empleo, lo sufrirán los integrantes del sector informal, al no poder generar ingresos para sus familias. Otra consecuencia, de carácter general es, principalmente, el pago de los créditos, impuestos, aportes a la seguridad social, etc. Para paliar estos efectos el gobierno dictó medidas de diferimiento de los pagos de estos rubros, el IESS ofrece créditos quirografarios con tasas de 6.5 a 8.5% y plazos hasta 9 meses, se ofreció un bono de $ 60, por dos veces, a los informales  y los bancos anunciaron que podrían refinanciar los créditos a las empresas y personas afectadas por la emergencia del coronavirus.

A eso se sumaría el impacto externo sobre la economía que agravaría el desequilibrio externo. Los efectos internos y externos causarían una recesión (que se tratará en el próximo artículo). Sonaron ya las voces de los economistas ortodoxos que recomiendan subir el IVA, eliminación del ISD y reducción de sueldos de empleados y trabajadores para enfrentar la crisis así como reformas estructurales. En otras palabras, que el costo de la crisis la paguen los trabajadores, la población en general y  la vulnerable. O sea socializar las perdidas y privatizar las ganancias.

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