
CANTO PRIMERO
El espíritu labra el rostro de la manada
sobrevive a la muerte
desmorona puertas macizas con cascadas de palabras
anuncia verdades líricas del tamaño de los astros
desafía las caras de la muerte y dolor
multiplicada por la fuerza de la sangre
Renacido el espíritu hembra
de matriz amplificada y coherencia,
tiene claro decir: fue suficiente,
se acabaron ya las falsas profecías
el olvido ante la muerte de nuestras hermanas,
la ingrata indiferencia,
la vitrina, los dioses de barro,
sencillamente
nuestra voluntad de ría amanece
el tiempo dicta la mejor de las lecciones:
sin amor entre hermanas, nos hundimos;
sin certezas nuestra alma palidece;
sin voluntad, la tumba es cercana;
sin arte, no tendríamos oxígeno;
sin noche, no seríamos Afrodita, Selene o Safo
sin dogmas, creamos arte;
sin dolor, sentimos paz;
sin opresión, cantamos alto
y libres pintamos calma con nuestro verbo
cabalgamos en mansos corceles blancos
para cruzar las puertas del infierno.
Inventamos la ternura
para rescatar soledades del abismo.
Pintamos el cielo y parimos el atardecer,
nuestro vientre fundó la categoría estética de la belleza.
Somos rayos en la mirada
lo hemos comprendido todo
ya no existe el miedo.
Amanda Pazmiño Torres, quiteña