Luis Rosero M.
a tomar decisiones para enfrentar varias disyuntivas. Como he señalado, en artículos anteriores, la nación tiene varios desequilibrios macroeconómicos y tendencias que limitan su crecimiento, el área social esta en crisis así como la seguridad ciudadana, existe una crisis institucional, las organizaciones políticas están en descredito, tal es es así que hay perdida de representatividad, la gestión pública no es eficaz y no se atiende suficientemente las demandas ciudadanas.
En lo económico, subrayo un factor que afecta al crecimiento. Una es la tendencia del déficit fiscal que para poder cubrirlo se acude a la deuda pública. Los últimos tres gobiernos, incluido el actual, persisten en incrementar este tipo de deuda. La proyección de la deuda total, a fin de 2025, es alrededor de 90.000 millones (67% del PIB). El país ha caído en la trampa de la deuda que implica que para cubrir su amortización se recurre a reformas tributarias (más impuestos), si estas no son suficientes se busca el endeudamiento público y, si, se persiste en este, se cae en el riesgo de la sostenibilidad de la deuda y, si no hay suficientes recursos para cubrirla se capta más deuda para pagar deuda, hasta que llega un momento en que no hay opción y se llega a una renegociación de la deuda principalmente externa. Esta última ya representa las dos terceras partes de la deuda total. En 2026 el país tiene amortizaciones de deuda alrededor de 10000 millones de dólares, para lo cual requiere obtener recursos frescos para hacer frente a estas. La Hora reportó, a fines de noviembre de 2025, que el Banco Mundial y el BID aprobaron créditos para el país de 2100 millones de dólares, lo que vuelve a aumentar la deuda externa con los organismos multilaterales y, además, el gobierno tiene previsto la emisión de bonos soberanos por 3000 millones para colocarlos en los mercados financieros internacionales. Si la deuda externa se utilizara principalmente para inversiones incentivaría el crecimiento económico pero, en la medida que se utilice para pagar deuda o gasto corriente, no habría capacidad de repago de ésta y, en consecuencia, ahondaría la trampa de la deuda y, a la vez, restringe el crecimiento económico, lo que a su vez limita la generación de empleo y de bienestar social. En consecuencia, la encrucijada es qué si el país tiene que pagar la amortización de la deuda externa quedan menos recursos para otros rubros en el presupuesto del estado, lo que define ya una disyuntiva y define cual es la prioridad en la política económica.
La repuesta de cual es prioridad ya la expresó la vicepresidenta. Declaró respecto a la crisis en la salud pública “Ya sabemos que hacer pero el presupuesto es limitado” (Expreso). Además, menciono que el problema no es solo desabastecimiento de medicinas, hay otros problemas como la sobrepoblación de médicos y la precaria infraestructura de los establecimientos de salud. En las cartas al director de El Universo, un doctor señala “no basta con repartir medicinas, o crear un nuevo call center: eso es no dar salud….Los principales objetivos deben ser los siguientes: atención primaria como eje principal, distribución de consultas, aseguramiento universal, concesión hospitalaria, autosuficiencia hospitalaria, etc.“ Por otro lado, el gobierno con un decreto estableció que los gastos de salud se financiarían con ingresos no permanentes. Lo habitual ha sido financiarlos con ingresos permanentes (impuestos). Al hacerlo con ingresos no permanentes se corre el riesgo de no obtener los recursos para cubrir los gastos de salud. Más aun, el otro mecanismo perjudicial para este sector es la subejecución del presupuesto de salud lo que limita la atención a los usuarios de la salud pública incluyendo al IESS. En consecuencia, es claro cual es la prioridad del régimen en el presupuesto del estado de 2026 y la disyuntiva es el pago deuda pública vs. financiamiento de los gastos de salud.
En consecuencia, hay en la medida que se priorice el pago de la deuda pública hay menos recursos para la salud, inversión pública y otros sectores. En el Presupuesto del Estado 2026, el régimen estableció que la prioridad es la deuda pública y la seguridad. Siguiendo la tradición de fin del año, al quemar el monigote la cábala se basa en que se terminarían los problemas y dificultades, en este caso del país. Sin embargo, la proyección de crecimiento para 2026 por el FMI señala apena una tasa de 2%. Espero que haya rectificaciones y se tome un nuevo rumbo en la política económica para atender las demandas de la población, pues de lo contrario la crisis social puede explotar.