Luis Rosero M.
La conflictividad social en el país depende de varios factores objetivos. La lenta repuesta, a ésta, del gobierno ha llevado a un paro indígena indefinido, por la falta de dialogo y repuestas a tiempo a las demandas sociales. En cambio, con los pequeños productores de banano ocurre que estos han hecho varias manifestaciones a las que no se los atendió hasta qué en la quinta protesta, se llegó a un acuerdo que el gobierno no ha cumplido. Todo esto se agravó por los efectos que dejo la pandemia y ahora la invasión rusa a Ucrania. En este artículo apuntamos algunas causas estructurales de la conflictividad social en el marco de la coyuntura económica actual.
Julio Berdegué, representante regional de la FAO, señala que “en América Latina hay hambre porque hay desigualdad, no porque falten los alimentos, y esta genera muchas personas en condiciones de pobreza”. Si a esta le agregamos la concentración de la riqueza e ingreso estamos apuntando a factores estructurales claves de la inequidad social y, en consecuencia, de la conflictividad social. Para atenuar el malestar social, los gobiernos buscan luchar contra la pobreza -que provocan estos factores- mediante política social y de redistribución del ingreso. El estado se convierte en un actor fundamental para poder equilibrar la polaridad entre riqueza y pobreza. En buena medida, los gobiernos, según su orientación económica e ideológica, con el uso de esas dos políticas pueden contener el conflicto social a fin de mantener la estabilidad social. En la medida que apliquen una política social fuerte inclinaran el péndulo hacia la equidad social mientras que aquellos que dejan que solo el mercado, sin ninguna regulación, determine los precios claves de la economía, sin que medie una política social, se producirá mas concentración de la riqueza e ingreso y, como consecuencia mayor inequidad social como en el capitalismo salvaje. En este marco, el estado y sus administradores son claves para mantener la paz social.
En el caso del país, como en el mundo, la pandemia dejo como secuela un mayor nivel de concentración de la riqueza e ingreso, más desempleo y subempleo, sumo millones de gente a la pobreza y al hambre. En Ecuador, la familia para enfrentar estas condujo al incremento del trabajo infantil que en 2020 se incrementó en 11.8%. Esto fue porque en dicho año hubo una contracción muy fuerte de la economía la que se recuperó en 2021 con un crecimiento económico de 4.3% que compensó parcialmente la grave situación económica y social que dejó la pandemia. En la coyuntura actual, a eso se agregó la invasión rusa a Ucrania que en el mundo y A. Latina provoca efectos negativos en la economía y en lo social. Ya el Banco Mundial pronostica que el crecimiento mundial descenderá de 5.7% en 2021 al 2.9% en 2022, pero además anuncia que hay de riesgo de estanflación o sea bajo crecimiento con alta inflación. En el caso del Ecuador, el BCE pronostica, para este año, un crecimiento de 2.8% mientras que la CEPAL, solo 2.6%, lo que implicará una contracción de la economía de 1.7 puntos lo que producirá efectos críticos. En efecto, como secuela de dicha invasión, habrá caída de exportaciones, lo que va a generar una caída del nivel de actividad económica y, por otro lado, hay restricciones de importaciones de insumos agrícolas que, entre otros factores, está provocando encarecimiento de insumos de productos básicos como la harina, aceite, etc. que se traduce en un mayor nivel de inflación, lo cual encarece la canasta básica, dejando fuera del consumo de ésta a algunas familias, que reducen su nivel de vida y, los que no pueden generar algún ingreso van a sumarse a la masa de pobres. A su vez, la caída del crecimiento, generará un aumento del desempleo y subempleo, lo que a su vez conducirá a mayor pobreza y hambre.
Estas se expresan en el deterioro de las condiciones de vida de la población que obliga a buscar fuentes de subsistencia de ahí que aparece los vendedores ambulantes, las ventas callejeras, etc. en síntesis el trabajo informal. Pero, por otro lado, estas también son fuente de la violencia que se expresa en la delincuencia, robos, asaltos, crimen organizado, sicariato, etc. Las cárceles se llenan de presos. En la coyuntura actual, las bandas organizadas manejan éstas y hay conflictos entre estas que conducen a masacres y perdida control de las cárceles en la que el gobierno hasta ahora no ha podido manejar el sistema carcelario a la que vez que ha crecido en nivel de la inseguridad ciudadana.
Lo cierto es que la política social es débil para atenuar el deterioro social, y, por otro lado, a pesar de haber crecido los recursos públicos, por aumento de los ingresos por la reforma tributaria y el incremento del precio del petróleo, no se utilizan para contener fuertemente el deterioro social que empuja a la conflictividad social. Esta se expresa por varias vías: una es la protesta social de los sectores afectados, otra a través de organizaciones sociales que la toman como bandera de lucha, otra alternativa es vía grafiti, etc. La interrogante es por qué se utilizan estos recursos, porque no se atiende o se tarda en responder a las demandas sociales. Pero la pregunta clave es: ¿esto es por falta o incapacidad de gestión o porque no se asigna los recursos o son insuficiente para atender dicha demanda? Según sea la repuesta a esta hipótesis sabremos que fracción al interior del gobierno se impone, los que bregan por política social o aquellos de las finanzas públicas. Lo cierto es qué si se desatiende, se desoye, se retarda la repuesta, hay dialogo qué se queda en promesa, no se asignan suficientes recursos para frenar el deterioro social la conflictividad social aumentará y se manifestará la protesta social por cualquier vía. La práctica ha demostrado que es ésta es el único lenguaje que entienden los gobiernos para obligarlos a cambiar de rumbo y prestar atención a la demanda social. La estrategia mediática del gobierno atribuirá a la protesta social a los aspectos políticos pero son en el fondo los factores estructurales que se expresan. El conflicto tiene al filo de la navaja al gobierno y, en consecuencia, mientras no se actué a profundidad ante deterioro social corremos el riesgo de un estallido social pero empujados más por los factores objetivos que por la política.