ASUNCION DEL NUEVO GOBIERNO, EN EL MARCO DE LAS PROTESTAS EN COLOMBIA Y TRIUNFO PARA CAMBIAR LA CONSTITUCION PINOCHETISTA Luis Rosero M.

El gobierno de Lasso, de derecha, asume el poder, con los acontecimientos de protestas en Colombia por reformas antipopulares y el triunfo de los independientes e izquierda, en la conformación de la Asamblea Constituyente, que busca cambiar la constitución de Pinochet. Esto implica una espada de Damocles que pesa sobre los gobiernos latinoamericanos si quieren imponer un modelo que afecte a los intereses populares.

En Colombia, la protesta social lleva ya 3 semanas que unido a un paro nacional ha logrado que el gobierno retire la reforma tributaria –que entre otras cosas aumentó el IVA a ciertos productos de la canasta básica- y también deje sin efecto el proyecto privatizador de la salud. Es que ambas reformas implicaban afectar los intereses populares, pues significaban reducir los ingresos de la población y agravar sus condiciones de vida ya deterioradas por la pandemia que reveló el aumento de la pobreza y concentración de la riqueza, o sea que los ricos se hicieron más ricos y los pobres más pobres. La protesta social tiene paralizado al país, el gobierno ha intentado imponer las reformas a sangre y fuego a tal punto que ya van 50 muertos y miles de desaparecidos. El costo ha sido alto para la población, pero frenó los intentos del gobierno de cargarle más impuestos y encarecer los servicios de salud.

Por otro lado, en las elecciones chilenas para elegir a los miembros de la Asamblea Constituyente (AC) , municipales y regionales así como gobernadores. Los resultados muestran la posibilidad de la ruptura y cambio del modelo chileno que estableció Pinochet. Así de los 155 miembros de la AC, los independientes lograron 48 curules (31%), 17 de las nacionalidades indígenas (11%) –entre ellas, los mapuches-, 28 de la izquierda (18%) y los de otros grupos que suman  en total 66%, mientras que la derecha solo alcanzó 37 (24%), lo que significa un doble logro. Por un lado, la derrota estrepitosa de la derecha y, por otro, la posibilidad de cambiar la constitución pinochetista. Pero más aún, la alcaldía de Santiago fue ganada por una economista de izquierda. Estos resultados son el reflejo de la imposición de un modelo que mercantilizó los servicios públicos, que tienen un precio internacional; para estudios superiores los padres tenían que endeudarse, donde se privatizó la seguridad social y la salud pública, que terminó fracasando, etc. En definitiva, un modelo que generó concentración de la riqueza y el ingreso, llevando al aumento de la pobreza, que creció aún más con la pandemia. Con el triunfo en la elección de la AC, el pueblo dijo basta a este modelo y ahora le toca el desafío de cambiar la constitución de Pinochet que reconozca los derechos sociales y distribuya equitativamente la riqueza que genera el crecimiento económico.

El nuevo gobierno ecuatoriano asume el mando, en este marco, que le pone límites al establecimiento de un modelo neoliberal y medidas que afecten el nivel de vida de la población. El pueblo está a la expectativa que Lasso cumpla con los compromisos de campaña. Nominó a su gabinete en el que son claves 4 ministerios: salud, gobierno, economía e inclusión económica y social (MIES). En el primero, designó a una ex funcionaria del Ministerio de Salud, en el correismo, que tiene el desafío de cumplir la promesa de Lasso de vacunar a 9 millones de ecuatorianos en los primeros 100 días de gobierno; nombró como Ministro de Gobierno a C. Monge, que renunció como asambleísta, pero que fue el arquitecto de derribar el pacto entre el correismo, PSC y CREO y a su vez lograr otro con el movimiento indígena (PK), ID e independientes, que logró la mayoría en la Asamblea. Monge mostró su habilidad política y su desafío es viabilizar la aprobación de leyes, reducir la delincuencia para fortalecer la seguridad ciudadana y control de la protesta social. El Ministro de Economía, S. Cueva, ex representante del FMI en Bolivia, tiene la tarea de reequilibrar y reactivar la economía poniendo como motor a la inversión privada. Tratará de implementar el modelo neoliberal. Ya Lasso anunció la concesión de refinerías, carreteras, CNT y el Banco del Pacifico, con lo cual se reduce el tamaño del estado. Pero su intención de aplicar una economía neoliberal tiene la barrera de la protesta social si trata de imponer medidas que afecten las condiciones de vida de la población. La Ministra del MIES, M. Montaño, tiene la inmensa tarea de pagar la deuda social y tendrá que aplicar una política social que luche contra la pobreza y el deterioro del nivel de vida provocada por la crisis económica que se arrastra desde 2019 y que fue agravada por la pandemia.

En suma, difícil la tarea del nuevo gobierno para enrumbar la economía y lo social. Las protestas en Colombia y triunfo de los antipinochetistas pondrán un límite, en Latinoamérica, al modelo neoliberal y las medidas económicas antipopulares que trate aplicar Lasso ya que agravaran aún más las condiciones de vida de la población. La protesta popular es el único lenguaje que entienden los gobiernos. Si bien, el espíritu del gobierno de Lasso es neoliberal deberá tener pragmatismo –más que ideología- y tendrá como freno la protesta social. Su reto es cumplir con las promesas electorales sin afectar las condiciones de vida de la gemte y enrumbar al país hacia el crecimiento así como redistribuir la riqueza y el ingreso para reducir el elevado nivel de pobreza y mejorar las condiciones de vida de la población.

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