Luis Rosero M.
En A. Latina y, en nuestro país, los efectos económicos, sociales y sanitarios que genera el coronavirus van a incidir en las decisiones de los electores en las elecciones presidenciales y de asambleístas. Es decir, los factores objetivos del impacto en el nivel de vida de la pandemia o la mejora de ésta por las políticas aplicadas por los gobiernos van a ser decisivos a la hora de votar. Los resultados electorales no dependerán tanto de lo ideológico sino del deterioro del bienestar de los electores, causado por el coronavirus, o la mejora de éste por la política económica aplicada por el gobierno,
En un informe de la CEPAL señala que “si se compraran diferentes indicadores sanitarios, económicos, sociales y de desigualdad, América Latina es la región más golpeada del mundo emergente.” Según este organismo la región sufrió una contracción de 7.7% y la pobreza alcanzó el 37.3% de la población o sea 231 millones de personas. La OIT afirma que se destruyeron 34 millones de empleo, que generó un nivel de desempleo de 11.4%. Si bien, hubo diferentes repuestas de los gobiernos para enfrentar la pandemia, lo cierto es que ésta sobrepasó la capacidad de atención hospitalaria, el contagio se multiplicó, produciendo una gran cantidad de muertes, y las medidas emergentes restringieron la actividad económica, movilidad humana y de tránsito que provocaron el deterioro de los mercados de trabajo, violencia doméstica y malestar de la población por su caída de ingresos y el confinamiento.
En el caso de nuestro país, a más de la prevención tardía de la pandemia que generó altos niveles de contagio y miles de muertes, sobre todo en Guayaquil, –convirtiéndose esta ciudad en el centro de la pandemia que luego paso a la capital- se agregó la corrupción en los hospitales públicos y los efectos de la crisis económica, como señalé, en varios artículos, provocó “La brutal contracción económica condujo a un nivel de subempleo, mayo – junio de 2020 de 34.5% y desempleo de 13.3%, no visto antes, pero a Setiembre se redujeron a 23.4% de la PEA y 6.6% respectivamente, según las cifras oficiales. A eso, hay que sumar el crecimiento impresionante del sector informal, al que fueron a dar tanto desempleados y subempleados e inclusive la clase media…. Pero lo más crítico, es el aumento de la pobreza. A diciembre de 2019, esta era de 25% y, a fines de diciembre de 2020, según estimaciones del Banco Mundial, alcanzaría 33%. Y, como reporta, La Hora “con unos 1,8 millones de nuevos pobres y 1.4 pobres extremos más significa que, con la pandemia, habría 3.2 millones de ecuatorianos más en condiciones de pobreza….” Y como agregue en el artículo “Lo más grave es el aparecimiento del hambre que, a pesar de la operación de los bancos de alimentos, creció fuertemente incidiendo en los altos niveles de violencia y delincuencia. “ Ante la caída de los ingresos públicos el gobierno acudió al endeudamiento interno y externo. En este último acudió a los organismos financieros internacionales –FMI, Banco Mundial, BID- que condicionaron e impusieron la política económica enmarcada en una agenda neoliberal.
Pero no es esta visión ideológica ni la tardía prevención y gestión ineficiente gubernamental de la pandemia lo que genera el malestar de la población, por el triple impacto de la pandemia, sino más bien la frustración, la impotencia y el descontento por la mayor concentración del ingreso y la riqueza – aumento de la desigualdad: los ricos se hacen más ricos y los pobres más pobres-, el hambre que ha deteriorado gravemente las condiciones de vida de gran parte de la población y la percepción de la población de tener un mal gobierno.. El no tener que comer o mal comer conduce a un descalabro psicológico, social y económico o más aún –con el hambre- aparecen formas de violencia y delincuencia para enfrentar la situación de una parte importante de la población. Pero además, eta situación hace prever un futuro incierto –para resolver su situación personal- por la continuación de la pandemia y la contracción económica- y, en lo sanitario –el no acceso inmediato a la vacuna- generará pesimismo y pérdida de la esperanza de aliviar su situación económica y social. El deterioro de las condiciones de vida –por los efectos de la pandemia- los conduce a pensar y atribuirlo a los factores objetivos y lo relacionan con un mal gobierno. El caso del ascenso al poder del peronismo, derrotando a Macri, es, en gran parte, debido a la contracción económica, al aumento del desempleo y subempleo, crecimiento de la pobreza a un tercio de la población y grave deterioro de las condiciones de vida. Otro caso, el de Bolivia, muestra que después de un desastroso gobierno interino -que persiguió a los miembros del MAS y apoyó a la derecha- que termino con el regreso al poder de dicho movimiento y en primera vuelta, con Arce como Presidente, que fue el arquitecto de estabilidad económica, redistribución del ingreso y mejora de las condiciones de vida por más de una década. Una vez más –la hipótesis- son las mejoras de las condiciones objetivas de vida de la población –no las ideológicas- y la mala gestión del gobierno, las que inciden, en gran medida, en las decisiones electorales..