2020: AÑO DE LA MAS GRAVE CRISIS ECONOMICA, SOCIAL Y SANITARIA DEL PAÍS

Luis Rosero M.

La crisis económica del país se venía gestando desde el 2019 y en 2020 se agravó por la pandemia que a su vez provocó una crisis sanitaria y social reflejada en una frágil infraestructura hospitalaria y tardía atención en emergencias así como un terrible deterioro del mercado de trabajo que produjo un gravísimo problema de desempleo, subempleo, crecimiento del sector informal, mayor pobreza y aparecimiento del hambre.

La crisis económica ya se reflejó en 2019 con una tasa de crecimiento económico de -0.5%. La pandemia apareció, en nuestro país, en Marzo de 2020, y el gobierno decretó el estado excepción a partir del 17 de ese mes. Las restricciones de la actividad de los sectores económicos, funcionando solo los esenciales, agravó la crisis económica. Así, ya en el I trimestre de 2020, la economía decreció interanualmente -2.3, y su mayor impacto se manifiesta, en el II trimestre, con una brutal contracción de -12.4%. El FMI estima que en 2020, la reducción del nivel de actividad económica será entre -7.3 y -9.6% y el Banco Central proyecta la contracción entre el mismo rango. Como consecuencia aumentaron los desequilibrios macroeconómicos. Con la contracción económica cayeron los ingresos por impuestos. Así, el IVA se redujo en 19.5%, hasta Noviembre, y el ICE 20.8%, en total, la reducción de ingresos tributarios hasta ese mes, fue de 14%. Esto significaría un déficit fiscal de 7.5%. Este menor desequilibrio fiscal se debe a las medidas para generar ingresos fiscales, dictadas por el gobierno, que recayeron principalmente sobre los trabajadores, y, por otro lado, al ajuste con la reducción de las horas trabajadas y recorte del tamaño del sector público y de la burocracia. Pero la principal fuente extraordinaria de ingresos públicos, y la más fácil,  fue el endeudamiento externo e interno. Solo con los acuerdos con el FMI, los ingresos por deuda externa alcanza 6500 millones que, a octubre de 2020, según boletín del MEF, esta alcanzaba 23258 millones de dólares a lo que se suma la deuda interna  siendo la deuda total de 59923 millones. Esta política de dinero fácil no solo aumentó la deuda pública por encima del límite del 40% sino que además condicionó al país a cumplir con una serie de objetivos y metas en política económica con la aplicación del ajuste fiscal y una serie de reformas estructurales.

Respecto al sector externo, la pandemia a nivel mundial, generó un desplome de las exportaciones petroleras del país, sin embargo, las exportaciones no petroleras aumentaron, hasta Octubre de 2020, en 1161 millones respecto al mismo periodo del año anterior, que junto a la disminución de importaciones, permitió un superávit de la Balanza Comercial de 2688 millones hasta ese mes. Otro indicador positivo, fue el nivel de RMI 7377 millones, al 23 de diciembre, en gran medida por el ingreso de deuda externa.

La brutal contracción económica condujo a un nivel de subempleo, mayo – junio de 2020 de 34.5% y desempleo de 13.3%, no visto antes, pero a Setiembre se redujeron a 23.4% de la PEA y  6.6% respectivamente, según las cifras oficiales. A eso, hay que sumar el crecimiento impresionante del sector informal, al que fueron a dar tanto desempleados y subempleados e inclusive la clase media. El deterioro del mercado de trabajo fue mayor con la política laboral que dictó el gobierno que aumentó la flexibilidad laboral y la precarización del mercado de trabajo. Pero lo más crítico, es el aumento de la pobreza. A diciembre de 2019, esta era de 25% y, a fines de diciembre de 2020, según estimaciones del Banco Mundial, alcanzaría 33%. Lo más grave es el aparecimiento del hambre que, a pesar de la operación de los bancos de alimentos, creció fuertemente incidiendo en los altos niveles de violencia y delincuencia.

En cuanto a la pandemia, el no tomar medida sanitarias, a tiempo contra el coronavirus agravó la situación, sobre todo en Guayaquil, que condujo a un número alto de muertes e incluso de gente que moría en las calles. El epicentro de la pandemia pasó luego a Quito en el que, al igual que Guayaquil, los hospitales no se dan abasto para atender a los contagiados por coronavirus. En esa tragedia, apareció la corrupción en los hospitales públicos y otras entidades que, aprovechando la pandemia, las empresas proveedoras de insumos médicos los vendieron con sobreprecios y otros mecanismos ilegales. Ni aún con las muertes, en la pandemia, los corruptos miserables, se condolieron de la tragedia del país, que aún, algunos de ellos, no han sido condenados.

En suma, 2020 fue el año de la más grave crisis económica, social y sanitaria, que haya vivido el país. Como siempre los más afectados fueron los pobres, desvalidos y marginados de la sociedad así como los trabajadores y empleados a los que el gobierno les hizo pagar la mayor parte del costo de la crisis. Lo más infame fue la corrupción que se aprovechó de la pandemia y, por otro lado, del gobierno que se entregó a los organismos financieros internacionales, para obtener financiamiento que deja al país hipotecado y con una serie de condicionamientos de política económica que pesaran en su economía y sociedad.

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