La cognición puede debilitarse por el envejecimiento, enfermedad o por el uso de psicofármacos, lo cual puede darse a nivel molecular, neuronal, de redes neuronales y de sistemas cerebrales. La capacidad de tolerar estas modificaciones en estructuras cerebrales se denomina reserva cognitiva. En este concepto está implícito la neuroplasticidad del cerebro a través de la actividad mental.
Los ambientes y entornos enriquecidos –con muchos estímulos- contribuyen a mas ejercitación de las funciones cognitivas y los contextos empobrecidos –por carencia de estímulos- las deterioran.Las vivencias y actividades sociales y culturales pueden potenciar o deteriorar nuestras habilidades cognitivas. Los estudios dicen que estas actividades aumentan la reserva cognitiva y posibilitan que el cerebro se reorganice, frenando el deterioro de funciones cerebrales y la aparición de demencias.
Las últimas investigaciones muestran que no hay un proceso único y lineal de envejecimiento cerebral, pues la plasticidad neuronal se mantiene toda la vida y la evolución de cada cerebro depende de que hagamos con él, que le pidamos, y con que lo alimentemos. Conclusiones:
- Recientes estudios, con tecnologías de neuroimagen, muestran una disminución de determinadas capacidades perceptivas y cognitivas asociadas al envejecimiento pero otras funciones mentales se mantienen estables y ganan eficiencia. Esta pérdida de memoria afecta a todos los tipos de memoria: de corto plazo, de trabajo, la implícita y la explícita. El conocimiento del mundo y la competencia lingüística permiten a las personas compensar sus déficits en la manera de aprender, recordar y en la velocidad de procesamiento. Las funciones más mermadas están las sensoriales y motoras, la capacidad visual y auditiva. Este déficit dificulta la atención de la información y su codificación, lo cual reduce la motivación para aprender cosas nuevas. La memoria más afectada es la de trabajo. Con la edad es más difícil mantener la atención y gestionar la información en situaciones complejas que requieren rapidez y flexibilidad, como orientarnos en una ciudad cuando vamos conduciendo. Esto ocurre porque los sistemas neurales del hipocampo, que son básicos para el aprendizaje y la estabilización de la memoria, sobre todo la espacial, con la edad, producen menos neuronas nuevas y las conexiones sinápticas y, por otro lado, las áreas frontales del lóbulo frontal, que resultan críticas para las funciones ejecutivas, sufren una pérdida de densidad y volumen. Ambos procesos complican los mecanismos de funcionamiento de la memoria de trabajo. La inteligencia fluida, que es la capacidad para razonar y resolver problemas independientes de los conocimientos culturales aprendidos, muestra una disminución a partir de los 40 y, la inteligencia cristalizada, que hace referencia a los conocimientos y cultura adquiridos, se mantiene e incluso mejora con los años.
- Otros estudios sobre el dominio de la percepción y la cognición relacionados con la edad mostró que con el transcurso de las décadas, se encontraron disminuciones en la velocidad de procesamiento, la memoria operativa y la memoria a largo plazo, mientras que el vocabulario y la memoria semántica se mantuvieron constantes e incluso se incrementaron entre los 60 y 80 años.
- Hay procedimientos y estrategias comunes con los que se puede optimizar las funciones mentales y evitar deterioros rápidos y graves, entre los que están: alimentación saludable y rica en ácido fólico, el sueño reparador, la actividad física, la interacción y participación social y la actividad mental con tareas específicas, particularmente la lectura. Evitar factores de riesgo para trastornos cardiovasculares: diabetes, obesidad, hipertensión y tabaquismo.
- Enfermedades: deterioro cognitivo leve, demencias (degenerativas, vasculares y otras causas. Las corticales como el alzhéimer y las subcorticales como el parkinson) y amnesias.
FUENTE: García, E. Somos Nuestra Memoria , Edit EMSE EDAPP, España, 2018