El país sufrirá este año una gravísima crisis económica de su historia, reflejada en la más profunda caída de la producción; en lo social, habrá un aumento considerable del desempleo, pobreza e indigencia y, en lo humanitario, el fantasma del hambre y miseria se hacen visible que provocará el aumento de la violencia. El gobierno para enfrentar la crisis, arrastrada desde el 2019 y agudizada por la pandemia, ha optado por aumentar considerablemente la deuda externa e interna y mantiene profundos desequilibrios macroeconómicos como la iliquidez de la caja fiscal, déficit fiscal y balanza de pagos.
La proyección del FMI del crecimiento económico para este año es de -10.9% que revela cuan profundo será el deterioro de la economía. El Banco Central (BCE) estima que la caída del PIB estará entre -7.3% y -9.6%, que se explicaría por un -10% de la demanda agregada y, de sus componentes, la mayor contracción se daría en la inversión (-14%) y del consumo m-7.9% (-8.4% hogares y sector público -5.6%) así como un deterioro de la balanza de pagos. En el I trimestre el BCE proyectó una contracción de -2.4% y estimó que en el período marzo-mayo la caída fue de -3.8%. En la monetización de las pérdidas, en valores corrientes, proyecta 6262 millones de dólares distribuyéndose en 84% para el sector privado y 16% para el público. Los 6 sectores más afectados, medido en millones, son: comercio ($1978), transporte ($ 666), turismo ($ 585), servicios ($ 579), industria ($ 550) y agropecuario ($ 358). La calificadora de riesgos Moody’s señala que el país no regresara a los niveles previos de la crisis hasta 2024.
Esta caída negativa del PIB, se refleja en el deterioro del mercado de trabajo. La tasa de desempleo formal en 2019 fue de 3.8% y entre marzo – mayo de 2020 el desempleo aumentó 4.4% o sea 335413 desempleados más. Los sectores con mayor desempleo serían: comercio (105500), transporte (43.800), manufactura (36700), actividades profesionales (27900), construcción (25000) y alojamiento y servicios de comida (19200). El INEC reveló que a Junio de 2020 la tasa de desempleo alcanzó 13.3% (mas de un millón de desempleados) mientras que en ese mes del año pasado solo fue de 4.4% y la de empleo adecuado, en el mismo período, pasó de 37.9% a solo 16.7%, reflejando el fortísimo deterioro del empleo por la pandemia. Estas cifras guardan coherencia con los datos reportados tanto por el Ministerio de Trabajo que señaló que, en la pandemia, se terminaron 289258 contratos y, en tanto, el IESS que establece 270638 desafiliaciones. Un funcionario del IESS declaró que, desde marzo de este año, obtuvieron el seguro de desempleo 28429 personas. Sin embargo, para medir el deterioro del mercado de trabajo, falta incluir el sector informal urbano con el más de un millón de trabajadores informales que aumentaron, sin duda, durante la pandemia.
El efecto humanitario de la pandemia en América Latina va a ser el aumento de la pobreza, como lo señala la CEPAL, que pasará de 185 a 231 millones, o sea un incrementó de 45 millones de pobres, siendo ahora 37% de la población de la región. Pero también se incrementará la extrema pobreza en 28 millones, que representa el 15.5% de la población. El Ecuador, por efectos de la pandemia, tendrá mayor pobreza y más gente en la extrema pobreza. No hay cifras oficiales al respecto.
Para aliviar la iliquidez de la caja fiscal el gobierno optó por la renegociación parcial de la deuda externa alcanzando una rebaja de 1540 millones en el capital, menor tasa de interés y mayor plazo de pago. Sin embargo, si analizamos los precios de mercado de los bonos ecuatorianos, en tiempos de pandemia, mucho mejor hubiera sido recomprarlos. El resultado de la renegociación implica menos pago del servicio de la deuda quedando libre recursos para otros rubros. El gobierno le debe a los institutos de seguridad social, a los GADs, al Banco Central, proveedores, etc. Sin embargo, ya el presidente del directorio del IESS declaró que podría recibir bonos del gobierno como pago de su aportación del 40% de las contribuciones del estado para el pago de las pensiones. Aquí queda claro que, en el pago de la deuda interna, no son prioridad los jubilados.
El presidente declaró que el déficit fiscal de 2020 sería de 12% del PIB, lo que revela la necesidad de financiamiento del gobierno. Si bien entre enero-mayo, de este año, hay un superávit comercial de 877 millones de dólares, es posible de acuerdo con el Banco Central que se mantenga el mismo.
En síntesis, 2020 será el año de la más grave crisis de la historia del país pero no solo económica –revelado en los indicadores señalados- sino que será también social y humanitaria con más desempleo, subempleo, un mayor sector informal y mayor pobreza, extrema pobreza, hambre y violencia.