El estrés se define como la respuesta no especifica del organismo ante cualquier solicitud que se le realice, desencadenando una reacción normal de adaptación que puede llegar a ser patológica en situaciones extremas. El estrés genera un conjunto estimulo-respuesta, un esfuerzo de adaptación y una activación del sistema psiconeuroendocrino.
El estímulo-repuesta significa que ante una situación de estrés se activa un mecanismo de defensa para protegernos llevando a una repuesta: lucha o huida. El esfuerzo de adaptación que permita la supervivencia en las condiciones impuestas. La activación del sistema psiconeuroendocrino implica la reacción del sistema nervioso y el sistema endocrino. Con el primero, ante el estímulo del estrés se activan las terminaciones nerviosas que llevara a un estado de excitación, trasmitiéndose a la corteza cerebral, que impide una reacción normal, provocando una reacción fisiológica.
El estrés tiene tres fases: de alarma, resistencia y agotamiento. En la primera, el sistema nervioso simpático, a través de las glándulas suprarrenales, descarga adrenalina. A su vez, se provocan una serie de reacciones como aumento del ritmo cardiaco, ventilación pulmonar, de la presión arterial, etc. con lo que el organismo puede responder a una actitud de lucha o huida. En la fase de resistencia, se activa el eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal que sirve para utilizar nuestras reservas energéticas para seguir en la lucha. En la fase de agotamiento, después que se agotan nuestras reservas energéticas de adaptación aparece la fatiga que nos indica que debemos descansar para reponer nuestro desgaste.
Entre las causas del estrés están los estresores bioecológicos y psicosociales. Los primeros se refieren a fenómenos de la naturaleza. Los psicosociales se relacionan con la interacción entre personas que incluyen el entorno laboral, el escolar, familiar y otro tipo de relacionamiento social. Según otra clasificación los estresores son todos los factores potencialmente adversos, físicos o emocionales. Los dos primeros están relacionados con la naturaleza o estímulos ambientales. Los factores emocionales pueden ser externos o internos. Los externos son los impactos del entorno (un jefe despótico, un profesor frustrado, etc.) y los internos se refieren a nuestros procesos mentales como cuando evocamos un recuerdo, reciente o antiguo, almacenado en nuestra memoria de largo plazo. Esta evocación puede generar diversas reacciones al estrés, sin ningún estímulo externo. El efecto de los factores emocionales requiere de la interacción entre el procesamiento cognitivo y el procesamiento emocional.
La repuesta al estrés puede ser adaptativa y no adaptativa, las que se definirán en otra nota.
Hay diferentes tipos de estrés: agudo, crónico, positivo (eustrés) y negativo (distrés). El primero es una repuesta que se puede asociar a situaciones puntuales y específicas, como el tráfico vehicular, un accidente, un asalto, que resolvemos sin prestar mayor atención sino tienen mucha intensidad y otras no habituales que nos exigen una repuesta más activa y elaborada, pero que se resuelve rápidamente con una repuesta adaptativa.
Las personas que sufren una experiencia traumática, pueden revivir dicho episodio de forma automática e involuntaria, como si estuviera ocurriendo nuevamente. Este flashbacks, o sea la evocación del trauma, suele desencadenar una reacción de estrés agudo.
Ante un evento de estrés no todos experimentan los mismos síntomas, ni con la misma intensidad. La valoración excesiva o exagerada de ciertos eventos puede verse en quienes sufren de una fobia, que es el miedo a un objeto o situación, se refiere a aquello que la persona busca evitar. Se produce un aumento de la alerta y la ansiedad. Por ej. fobia a las alturas, a volar en avión, etc.
En cambio, hay eventos del entorno que algunas personas interpretan de manera exagerada los síntomas de nuestro cuerpo, sin posibilidad de huir, pues estos estímulos provienen del nuestro interior. Es el pánico, en que algunos son muy sensibles a cualquier estimulo, incluso en ausencia de factores ambientales o corporales. Percibimos estos eventos como amenazantes incluso de muerte y sensación de no tener el control. La activación del circuito del pánico provoca la operación del circuito del miedo y la rabia. Nuestro grado de ansiedad aumentan de manera abrupta y excesiva, provocando un aumento en la intensidad de nuestros síntomas y que retroalimenta un círculo vicioso. Se activa la amígdala (que regula las emociones) y los mecanismos fisiológicos elevan los niveles de hormonas del estrés y la activación del sistema nervioso simpático (lucha o huida), si el peligro desaparece hay calma y si hay peligro excesivo actúa el sistema parasimpático (inmovilización).
El estrés crónico es provocado por eventos repetidos y de larga duración. Su efecto es generar trastornos físicos y mentales. Entre estos últimos destacan los trastornos de ansiedad entre los que se encuentran: el estrés postraumático, la ansiedad y la depresión.
FUENTE: Sanchez, I., Insomnio, stress y depresión nerviosa, Edti. Libsa, Madrid, 1997; Costa, M., Aguado, Z. y Cestona, I., El estrés y el arte de amargarnos la vida, Centro de Promoción de Hábitos saludables, Instituto de Salud Pública. Madrid Salud. Ayuntamiento de Madrid, 2008; Tafet, G., El Estrés, Edit. Emse Edap, España, 2018, y, Ansiedad y Depresión, Edit. Emse Edap, España, 2018; Hernández, M. Apego y psicopatología: la ansiedad y su origen, Edit. Desclée De Brouwer, Bilbao, 2019