Necesidad secundaria
En tus brazos la razón sonreía.
La grieta inasequible la cavamos hace ya lunas
y tantas sinlunas.
Solamente la esperanza nos mantuvo cuerdos.
Pese a ser etéreo
yo te sentía y sabía libre.
Hoy de eso no nos queda nada
ni una lámpara de querosén que arda,
mucho menos una luciérnaga
que embriague por la mañana.
Ya nos fuimos y no lo sabemos.
El tiempo nos dejó a oscuras,
nos quitó la venda
y nos deslumbró con fe ciega.
No cabe aquí tu voz ni mi suerte,
somos dos nadies que nadie quiere,
solo uno al otro y el otro al uno.
Mas yacemos lejos
sobre el pasto inerte de la incredulidad
y las pasiones occisas de mi mente.
Si otrora fui inflamable con solo verte,
hoy siento el iceberg interponerse.
No logro estrechar tus manos,
no consigo salir a flote.
Me hundo en la miseria más vil
mientras tu sombra
dibuja metros a nuestra historia.
MARIA J. CARRERA PACHECO
Quiteña, Ecuador