LA MICROBIOTA, LOS PROBIÓTICOS Y PREBIÓTICOS

Kombucha es un fermento de té que contiene probióticos que mejora la microbiota intestinal. Se encuentra en Supermaxi

Según el gastroenterólogo Juan Diego Peña Carrasco, la microbiota intestinal cumple funciones metabólicas, nutricionales, mantiene la integridad de la pared intestinal y así ejerce protección contra bacterias perjudiciales. Además, al hacerlo regula el sistema inmunitario. 

Cuando se produce una disrupción (alteración) en la composición de la microbiota, dice el gastroenterólogo Ignacio Hanna Jairala, entramos en un estado que se conoce como disbiosis y esta puede predisponer a enfermedades digestivas.

“Muchos pacientes experimentan diarrea, estreñimiento, gases, distensión abdominal o ruidos intestinales, pero también tiene relación con enfermedades extradigestivas, como depresión, ansiedad, obesidad, hígado graso, enfermedades cardiacas, enfermedades neurológicas, alergias e inclusive cáncer”. 

Para Hanna, los probióticos son una alternativa terapéutica para equilibrar la microbiota intestinal, porque promueven el crecimiento de sus componentes beneficiosos y liberan sustancias que combaten a los perjudiciales.

Pueden administrarse, dice Peña, de distintas formas. Pero las más conocidas son las que ofrece la industria farmacéutica en presentación de cápsulas o sobres, en polvos para la nutrición con probióticos, alimentos como leches fermentadas,  asociados a vitaminas, entre otros. 

Sin embargo, agrega Peña, para ser considerados probióticos se deben haber realizado estudios en humanos que demuestren sus beneficios. “No todos los probióticos son iguales, varían mucho en el número de bacterias desde miles hasta millones por unidad y el tipo de familias bacterianas incluidas en cada envase”.

Algunos probióticos, menciona Hanna, contienen cepas individuales y otros agrupan múltiples cepas en una sola presentación. Las especies bacterianas más utilizadas pertenecen a los géneros bifidobacterium y lactobacillus. También se comercializa una cepa no bacteriana que es el Saccharomyces boulardii.

La mayoría de probióticos son bacterianos, por lo que podrían verse afectados por los antibióticos. Sin embargo, se recomienda su combinación para limitar la disbiosis  que los antibióticos producen y para disminuir sus efectos adversos”. 

También, refiere Hanna, existen probióticos no bacterianos que han demostrado responder adecuadamente cuando se combinan con antibióticos. La forma ideal de utilizarlos es durante el tratamiento con antibióticos y al menos dos semanas después.

Los probióticos, dice Peña, también pueden ser útiles en casos de diarrea aguda o en diarrea provocada por Clostridium difficile, en colitis ulcerativa que es una enfermedad inflamatoria intestinal, en algunos casos de colon irritable y en niños nacidos muy prematuros para evitar el daño intestinal.

Según la médica nutrióloga Margarita Salcedo, es importante diferenciar los probióticos de los prebióticos y simbióticos, que no son microorganismos vivos sino sustancias que cuando se agregan a la dieta favorecen el desarrollo de la microbiota de cada individuo.

Los prebióticos, dice, son ingredientes alimentarios no digeribles que provocan cambios específicos en la composición y/o actividad de la microbiota intestinal. Las fuentes principales son el ajo, la cebolla, las alcachofas, la banana, la miel, el trigo, cereales como la avena, la soja y legumbres como los espárragos, la achicoria, el puerro, las aceitunas y pepinillos en salmuera, entre otros.

En cambio, refiere, cuando se emplean probióticos y prebióticos en forma conjunta se está en presencia de un simbiótico. Por ejemplo, la leche materna es un probiótico debido a su contenido de bacterias lácticas y un prebiótico por el contenido de fructooligosácaridos que favorecen el desarrollo de bacterias buenas. Las leches maternizadas también contienen ambos.

Explica, además, que entre los alimentos probióticos comunes que se pueden consumir sin que causen alteración de la microbiota intestinal se encuentran los productos lácteos fermentados, como el yogur natural, las bebidas lácteas y  los quesos a los que se les han añadido cultivos vivos.

También se pueden consumir miso (fermento de la soja), que es un alimento básico en la gastronomía japonesa y dietas macrobióticas;   chucrut, que es una preparación de vegetales fermentados, principalmente elaborados con col, siendo un alimento rico en vitaminas A, B1, B2, C y minerales como calcio, fósforo y magnesio.

Por último, indica que la dieta Atkins con poca verdura y mucha carne resulta perjudicial para la microbiota intestinal porque no aporta  suficientes almidones ni fibras fermentativas. Incluso, el exceso de carnes rojas y procesadas deteriora  el estado de la microflora  y aumenta el riesgo de cáncer colorrectal.

FUENTE: El Universo, edición digital,  1/12/2019                                                                                              

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