El gobierno implementó el control cambiario, que se establece como medida desesperada para frenar la devaluación de peso y tratar de contener la inflación. Sin embargo, otros problemas macroeconómicos como la moratoria de la deuda, la recesión, desempleo, etc. como los sociales: caída del nivel de vida, pobreza e indigencia completan el cuadro que dibujan el fracaso de la política económica neoliberal.
El control cambiario parcial establece, principalmente, que los particulares no podrán más de 10.000 dólares y las exportadoras tienen que liquidar, en 5 días, los dólares obtenidos. La medida busca frenar la demanda de la divisa y aumenta su oferta, con el fin de bajar su cotización. El viernes 30 de agosto el dólar alcanzó los 62 pesos, la medida logró, del 2 al 6 de setiembre, reducir el tipo de cambio minorista a alrededor de 58 pesos. Sin embargo, el martes, el Banco Central (BCRA) tuvo que vender dólares para contener el alza cambiaria. Esta espiral influye sobre las expectativas de inflación. La inflación en Julio, de este año, llegó a 56%, y con reetiquetamiento de precios de bienes de la canasta básica, se estima que la inflación de Agosto se ubicará entre 4 a 6%, lo que llevaría a una inflación anual de cerca del 60%, lo que implicaría más pérdida del poder adquisitivo de la población, una crisis alimentaria y aumento notable de la pobreza. A más del control de cambios, el gobierno aplazó el aumento del precio del gas, proyectada para octubre, y lo trasladó a Enero de 2020, con el fin de que la inflación no sea mayor a la estimada.
Sin embargo, el control de cambios provocó colas en los bancos de la gente que teme por un nuevo corralito (congelamiento de depósitos) como el de 2001. La medida además disminuyó el retiro de pesos que, de seguir, podría llevar a una corrida bancaria peligrando la estabilidad financiera. Desde las elecciones primarias, los depósitos en dólares disminuyeron 7566 millones de dólares, que muestra también la dolarización de la economía. También se logró atenuar la salida de capitales (restringida por la autorización del BCRA para trasladar utilidades de los bancos al exterior), que a su vez contribuye a reducir la sangría de la RMI. Sólo, en agosto de 2019, el BCRA disminuyó en 10.000 millones de dólares la RMI. Sin embargo, el riego país bajó el 6 de setiembre a 2000 puntos.
Pero la crisis económica se agravó con el anunció del reperfilamiento de la deuda pública que busca posponer el pago a los tenedores de bonos argentino e incluso el reembolso de la deuda contraída con el FMI. Esto es, a las claras, un problema de liquidez externa que aviva el peligro del default de la deuda pública y trae a la memoria los amargos recuerdos de lo que ocurrió en 2002 que además de la moratoria de la deuda llevó al quiebre de la convertibilidad. Es precisamente, la alta deuda externa contraída por el gobierno de Macri y su repago, una de las causas de la crisis económica.
Con este escenario macroeconómico y la cercanía de las elecciones presidenciales de Octubre, pintan un panorama incierto que llevaron a que el riesgo país llegará a 2400 puntos y siembre la desconfianza en el futuro de la economía argentina reflejada en la salida de capitales y la abstención de inversiones por parte de los empresarios nacionales y extranjeros. El panorama se torna aún más incierto con el posible triunfo del peronismo kirchnerista que implicaría un cambio profundo de la política económica y del modelo de crecimiento. Macri ha reconocido los errores cometidos y que han llevado a una crisis económica, como la de 2001-2003, que, al parecer, no tiene salida a no ser por cambios profundos en la conducción económica que se darían con el futuro gobierno peronista. Este último escenario no le conviene al capital extranjero y nacional, que seguirá con sus políticas de salida de capitales, especulación bancaria y espiral cambiaria-inflacionaria. En este interín, hasta el cambio de gobierno en Diciembre, la gente sufrirá las consecuencias de la crisis económica, con mayor desempleo, pobreza e indigencia hasta que se le ponga freno al gobierno comandado por un empresario, que favoreció a las élites económicas basado en las reglas del capitalismo salvaje que llevó a una crisis social y alimentaria.