El Banco Mundial prevé una contracción de la economía para 2019, por segundo año consecutivo, y, por ello, se registra un continuo deterioro de los principales indicadores sociales, en especial de la pobreza e indigencia.
En efecto, el BM pronostica un decrecimiento de la economía de -1.2% para 2019. Los signos de la recesión se reflejan en varios sectores de la economía. El INDA registra que, a Marzo, de este año, el índice de producción manufacturera se redujo -13.4% respecto al mismo mes del año anterior. En ese mismo mes, la utilización de la capacidad instalada industrial solo fue 57.7%. De forma interanual, La actividad de la construcción se contrajo, a ese mes, -12.3% y las ventas del comercio, se redujeron, en términos reales, -16.6%. El saldo de la Balanza Comercial, a Marzo de 2019, fue deficitario en 2.373 millones de dólares a pesar de una fuerte contracción de las importaciones.
El decrecimiento de la mayoría de los sectores tiene un impacto en el mercado de trabajo. Al cuarto trimestre de 2018, la tasa de desempleo llegó a 9.1% pero aumentaron los índices de subempleo y sector informal. Lo que a su vez impacta en los indicadores sociales. Así, al segundo semestre de 2018, las personas bajo la línea de pobreza llegaron a 32%, lo que significaría que, hacia final del primer trimestre de 2019, la pobreza llegaría más de un tercio de la población. El informe del Barómetro de Deuda Social de la Infancia de la Universidad Católica Argentina, según diario El País, “En primer lugar, señala que el 51,7% de las niñas, niños y adolescentes son pobres en la Argentina. Se trata del nivel más alto en una década. En segundo lugar, esa cifra trepa al 63,6% en el conurbano bonaerense. Y el tercer dato es que el 29,3% de los chicos padece déficit en su alimentación y un 13% pasó hambre durante 2018.” De acuerdo con esta información, la situación de vida de los niños y adolescentes es crítico, alcanzando a más de la mitad de su población. Pero no sólo es de los niños, ha aumentado la indigencia. En una reciente visita a Buenos Aires pude ver que hay indigentes que duermen en calles, por ej. en la Av. Corrientes y 9 de Julio, en una cuadra encontré a 2 adultos durmiendo en la calle. La explicación, de esta situación, me la dio un vendedor de libros usados que señaló: dado el pasaje es muy caro (80 centavos de dólar) y como existen ONG que alimentan a pobres, los indigentes prefieren quedarse en las calles para poder comer. Hay también la organización de comedores populares.
Desde mayo, el dólar, a nivel minorista, se ha mantenido alrededor de 46 pesos, lo que frenado el aumento del índice precios. La inflación mensual, al mes de abril de 2019, alcanzó 3.4% y la anual se disparó a 55.8. Sin embargo, con ese índice anual, la población ha perdido más de la mitad de poder de compra en un año%, lo que obligó al gobierno a ampliar la canasta de los productos vigilados, a fin de restringir más el aumento de la inflación. Respecto a los indicadores social disponibles, en el cuarto trimestre de 2018, el índice de Gini se incrementó en 2.3%, o sea hay aumento de la concentración del ingreso, tendencia que continua.
Dado que van realizarse elecciones presidenciales, en Diciembre de este año, con la caída de las preferencias electorales de Macri y el ascenso del peronismo kichernerista, el panorama se torna incierto y, además, el líder de la Unión Industrial Argentina, plantea que “El mercado interno está en su peor momento, por el enfoque monetarista”, lo que significaría que la situación económica empeoraría. Más aún, la directora del FMI declaró que subestimó la situación complicada de Argentina. Este país accedió a un préstamo de 57.000 millones de dólares condicionado a un programa económico y cumplimiento de metas, que al parecer está haciendo agua si miramos los indicadores sociales y económicos. Estos elementos muestran que el escenario económico y social se deterioraría con el consecuente aumento de la pobreza, indigencia y caída del nivel de vida de los argentinos.