¿QUÉ SENTIDO TIENE INICIAR UNA GUERRA COMERCIAL?

Luis Rosero M.

El inicio de una guerra comercial por el mandatario ecuatoriano con Colombia va a traer consecuencias para ambos países, sobre todo al nuestro ¿Pero por qué esta decisión? ¿Cuál es la razón lógica? El problema es que el conflicto se alargue, lo que generaría el aumento del riesgo en algunas áreas económicas de Ecuador.

El mandatario ecuatoriano inició con Colombia una guerra comercial, aumentando los aranceles a productos colombianos en 30%, con una “tasa de seguridad” aduciendo que no realizaba lo suficiente para garantizar la seguridad de la frontera con nuestro país. La repuesta del gobierno colombiano fue inmediata suspendiendo las exportaciones de energía eléctrica y aplicando una tasa arancelaria, de la misma magnitud, a algunos productos ecuatorianos. Ecuador siguió con la ofensiva amenazando con aplicar una tasa más elevada al transporte del crudo colombiano a través del oleoducto ecuatoriano.

El arancel es un impuesto a los productos que se comercian internacionalmente. Su efecto principal es el aumento del precio de productos importados, que tiende a trasladarse al consumidor y, en esa medida, puede generar una disminución de las importaciones. Es un instrumento que se utiliza en el manejo de la política comercial, siendo de carácter económico. La corriente política autoritaria comenzó a utilizar este instrumento con fines no económicos. El mandatario ecuatoriano imitando esta medida la aplicó a Colombia. Pero en una guerra comercial pesa el tamaño de las economías de los países que entran en el conflicto.

¿Qué puede perder Ecuador? El país tiene problemas de abastecimiento de energía eléctrica y, como depende principalmente de la provisión de hidroeléctricas, tiene dificultades en los períodos de estiaje en los que debe recurrir a las fuentes alternativas de generación eléctrica como las termoeléctricas que utilizan gas natural, fuelóleo, etc. El país, en épocas de sequía, usa las plantas termoeléctricas fijas o barcazas que generan electricidad a un costo mayor que las hidroeléctricas. También se importaba energía de Colombia. Los equipos que  tenía previsto proveer Progen y Austral, iban a generar alrededor de 250 MW, pero por los problemas legales de estas empresas no fue posible. Y, la mayor hidroeléctrica del país Coca Codo Sinclair (CCS) tiene una capacidad instalada de 1500 MW. Este proyecto tiene problemas por las fisuras encontradas según el informe de la Contraloría del Estado. El gobierno estaba negociando con la empresa Sinohydro (china) la operación de la CCS. Pero esta empresa pone condiciones para hacerse cargo de la gestión exigiendo que el gobierno resista de los reclamos del proyecto, recibir formalmente la obra y liberar las garantías de Sinohydro. Por otro lado, si bien el embalse Amaluza que alimenta a la central hidroeléctrica Paute Molino (1100 MW potencia), el proyecto Sopladora y el complejo Mazar  (170 MW potencia) tienen una cota de almacenamiento cercana a la máxima, no es menos cierto que, por el cambio climático, las estaciones tienen irregularidades y, el país, depende crucialmente de las hidroeléctricas para producir energía eléctrica. El estiaje se presenta entre septiembre y marzo de cada año, donde hay falta de lluvias. En consecuencia, podría darse en ese período generación de menos energía eléctrica. El estiaje se localiza sobre todo en la zona del Austro. Es en esta zona donde se ubica la central Paute Molino (la segunda  hidroeléctrica del país) y Mazar. Por lo tanto, al suspenderse las exportaciones de energía eléctrica de Colombia no habría como compensar de inmediato una caída de la generación eléctrica en el país. Según el ministro de Minas y Energía de Colombia, le exporta a Ecuador 8 GW día de energía eléctrica  que representa entre 8 y 10 de la energía que consume.

Ecuador transporta a Colombia su petróleo por el Oleoducto de Crudos Pesados (OCP), desde hace 12 años, pero esto representa, según Bloomberg, sólo el 1% del petróleo diario que produce el vecino país. La ministra de Ambiente y Energía amenazó con aumentar la tarifa de transporte del petróleo colombiano por el OCP, como represalia de la suspensión de las exportaciones de energía eléctrica realizada por Colombia, estableciéndose así aranceles recíprocos.

En síntesis, Ecuador, dada la información obtenida hasta el momento, tiene más que perder al iniciar una guerra comercial con Colombia. Sobre todo, por los estiajes que tiene el país todos los años y las exportaciones de energía desde el país vecino ayudan a compensar parcialmente el déficit de oferta eléctrica que se presenta en esos periodos de falta de lluvia. Además, si estos se presentan el gobierno estaría presionado por la contratación de la operación de CCS con Sinohydro aceptado los riesgos que conlleva. Aún más, el transporte del petróleo colombiano a través del OCP ecuatoriano no es significativo. Se puede plantear como hipótesis que ¿la decisión obedece a razones ideológicas o políticas? Si bien, se abrió una puerta al diálogo, el presidente ecuatoriano condicionó a que se de un control real de las rutas del narcotráfico. No se conoce si esta decisión es tomada por el gobierno o hay intereses geopolíticos en juego. Justo esta guerra comercial es iniciada, una semana antes, del anuncio del gobierno de un nuevo plan de seguridad que contempla la compra de 180 millones en equipos a fin de enfrentar el crimen organizado. Precisamente, el principal problema que tiene atormentado a los ecuatorianos es la inseguridad ciudadana, que ya le esta pasando factura al régimen.

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