Luis Rosero M.
El día 16 de marzo de 2024 iba en mi carro hacia La Alborada (Guayaquil, Ecuador), alrededor de las 10 H, mi hijo, que conducía, me dice papá la temperatura es de 37 grados, a campo abierto, que me pareció increíble. El Inamhi informó que la temperatura de ese día fue 36.5 grados, la más alta en los últimos 30 años. En esa fecha, en Río de Janeiro, a las 9 55 H la sensación térmica alcanzó 62.3 grados un récord histórico. El año 2023 fue el más caluroso de la historia, con un alza de la temperatura media de la tierra de 1.48 grados centígrados, confirmado por la NASA. Esta ola de calor, el calentamiento global, que sofoca al mundo es producto del cambio climático que, a su vez, depende del efecto invernadero, que fue ya advertido hace más de tres décadas por los científicos ambientales. Es uno de los problemas ambientales que afecta al planeta y a los seres vivientes.
El efecto invernadero se produce por el aumento de los gases invernadero que impiden que los rayos caloríficos del sol, reflejados por la tierra, retornen de vuelta al espacio, por lo que la energía calórica es atrapada en la atmósfera, aumentando la temperatura promedio de la tierra. Estos gases actúan como el techo de invernadero. A su vez, este efecto es el causante del cambio climático que provoca climas extremos: el calentamiento global o frio polar.
Los tres principales gases invernaderos son: 1. CO2, dióxido de carbono, generado por combustibles fósiles, tala de bosques, desgaste del humus del suelo. 2. Metano (CH4), contenido en el gas natural, en minas de carbón, pozos petroleros y la respiración de rumiantes. 3. Óxido nitroso (N2O) contenido en combustible fósiles y fertilizantes químicos. Solo el CO2 causa cerca del 50% de los gases invernadero principalmente por la producción industrial y transporte (al usar gasolina, gas, diésel, etc.). Otro factor que contribuye es la deforestación, con la tala de bosques (que absorben CO2). El gas metano se produce sobre todo por el uso de gas natural y la ganadería. El óxido nitroso se genera por la producción de ácido nítrico que se utiliza para producir fertilizantes químicos y con el uso de ácido adípico que es un insumo para elaborar fibras y productos sintéticos.
Estos gases y otros productos están relacionados con otros problemas ambientales como la contaminación del aire, del agua, del suelo, acústica, del mar, etc. daño de los recursos naturales, deforestación, incendios de bosques, etc. Todos estos problemas hacen más crítica la fragilidad de la vida.
El cambio climático también influencia en las corrientes marítimas y atmosféricas cambiando su dirección y velocidad que, a su vez, produce el fenómeno de El Niño y la Niña. En 2024, estos dos eventos climáticos, afectan al Ecuador generando, en febrero, lluvias intentas e inundaciones en la costa del país. Además, como en todos los inviernos en esta región, aparecen enfermedades provocadas por los mosquitos aedes aegypti y aedes albopictus que contagian de dengue y chikungunya que son mortales. La primera se ha convertido en una epidemia global que avanza a otros países que no lo sufrían como Argentina que tiene ya tiene 130.000 casos y 1’626.707 Brasil. Lo bueno es que ya existe una vacuna para el dengue. Es hora de que los gobiernos la apliquen para reducir el número de muertes por esta enfermedad.
Es hora que a nivel individual y colectivo tomemos conciencia ambiental de los problemas del clima y sus derivaciones que está afectando la vida humana. La evidencia científica es clara. Debemos tomar acciones para frenar el efecto invernadero que produce el cambio climático ya que este ha superado limites impensables y literalmente nos estamos friendo. Hay que obligar a los gobiernos a que apliquen programas de forestación, cuidar la Amazonía (pulmón del mundo), frenar las emisiones de estos gases, menos consumo de combustibles fósiles, incentivar uso de carros híbridos y eléctricos, etc.