¿POR QUÉ GANÓ UN MAESTRO RURAL LA PRESIDENCIA DE PERÚ?

Luis Rosero M.

El maestro Castillo ganó, por escasa diferencia, generando un terremoto político, en un país dominado por el neoliberalismo en los últimos 30 años, representando un viraje de 360 grados, que implicará un cambio de rumbo en la política, economía y en lo social. También significará una dura batalla, contra la derecha, por mejorar las condiciones sociales de la mayoría de los peruanos. El resultado electoral demuestra que hay un país dividido entre los de arriba y los de abajo.

Castillo, un maestro de escuela rural, ganó en las urnas pero tuvo que enfrentar una dura batalla en el contencioso electoral para que se le reconozca su triunfo. Se enfrentó al poder detrás de Keiko Fujimori, financiada por grupos económicos y de la derecha. Al final, el organismo electoral rechazó las impugnaciones de irregularidades en las votaciones y reconoció el triunfo que significó una derrota de las élites, pues un sencillo maestro  rural las derrotó, que había colocado presidente en los últimos años. Es golpe duro para la derecha.  ¿Pero porque el triunfo? Veamos.

En lo político, en 4 años Perú tuvo 4 presidente y Castillo será el quinto, reflejando la inestabilidad política. Así, Kuczynski ganó la Presidencia en 2016 pero renunció en 2018 por escándalos de corrupción relacionados con Odebrecht; Vizcarra vicepresidente asumió la Presidencia pero en 2019 el Congreso lo destituyó acusado de corrupción. Merino fue el sucesor y asumió el mando por 5 días y se vio obligado a renunciar por las protestas en su contra y, finalmente,  en Noviembre de 2020, asumió Sagasti como Presidente de transición, siendo el tercero en una semana. Pero recordemos, que Keiko Fujimori estuvo presa acusada de corrupción vinculados a Odebrech. Además, Toledo, ex presidente (2001-2006), fue detenido en EE.UU., por pedido de extradición a Perú, sobre el que pesa una orden de prisión por 18 meses acusado de sobornos de Odebrech y tiene otra causa por lavado de activos.

El informe de la ONU, El Estado de la inseguridad alimentaria en el mundo 2021, señala que en 2020 de los 650 millones que pasaban hambre aumentó en 118 millones de personas. Recalca el informe que no solo hay mayor inseguridad alimentaria sino que en A. Latina hay 60 millones más. El informe señala que la inseguridad alimentaria estaba vinculada a la pobreza, la pandemia aumentó la duración del encierro en relación a la informalidad, en AL, que pasó de 54% a 70%, llevaron a que se sumaran a las estadísticas del hambre la clase media. En Perú, con la mayor contracción de la economía en A. Latina, por la pandemia, creció la inseguridad alimentaria y el hambre.

En efecto, entre 2010-2019, la economía peruana creció a un promedio anual de 4.8% y, en el periodo 2015-2019 alcanzó 3.2%. Por el coronavirus, en 2020, la economía se desplomó, registrando una contracción de -11.1% provocando efectos económicos y sociales graves. Así, a partir de Marzo de 2020 la variación de la demanda interna se volvió negativa, desde ese mes,  alcanzando su pico más alto en Abril con -39.1%, tornándose positiva después de un año. Esta contracción provocó efectos en el ingreso, el empleo y variables sociales. Así, en el área urbana el ingreso real promedio per cápita disminuyó 22.5% y el rural 9% lo que llevó a que el gasto real promedio per cápita mensual disminuyera 16%.  La tasa de desempleo, a nivel nacional, fue 7.8% en 2020, según la CEPAL.  La pobreza aumentó en 2020 a 30.1% casi diez puntos más que en 2019. %, mientras que la línea de pobreza extrema casi se duplica pasando  de 2.9 a 5.1%. El aumento de la pobreza no es solo por la pandemia, ha venido creciendo año tras año, así línea de pobreza total, en el periodo 2009-2020, creció 42.8%, medida por el acceso la canasta básica. La tasa de desempleo informal (los que viven de lo que hagan en el día), a nivel nacional, fue de 72.7%, la urbana 66.4% y la rural 95.2%. Solo basta mirar las zonas marginales de costa, en especial de Lima, las condiciones sociales rurales en general y de la sierra y amazonia en particular, en que reina la pobreza, la exclusión social y el hambre, que la pandemia agravó, para explicar la decisión de las grandes mayorías marginadas.

 En síntesis, la corrupción, la pobreza, la informalidad, el hambre y el deterioro de las condiciones de vida llevaron al triunfo de Castillo. Es el resultado de políticas neoliberales adoptadas por los últimos gobiernos que conducen a la concentración del ingreso y riqueza e injusticia social. Por eso, dado el nerviosismo de los empresarios, antes de asumir el poder, en una hábil estrategia,  nombró a Pedro Francke como asesor económico, respetado por empresarios y la academia, y, por otro lado, ratificó al Presidente del Banco Central. Francke ha declarado que Castillo aplicará una economía de libre mercado pero con redistribución del ingreso con aumento del gasto en salud y educación y mayor apoyo a microempresarios. Renegociará los contratos mineros y petroleros. Y llamará a una Asamblea Constituyente para cambiar la constitución. En otras palabras, redistribución del ingreso para aliviar la situación de pobreza y empeoramiento de las condiciones sociales de gran parte de los marginados. Este es el gran desafío de Castillo para lo cual deberá enfrentarse con los intereses de la derecha, a los partidos de esa orientación y el poder mediático. Las élites latinoamericanas no entienden que si no hay servicios públicos dignos, distribución del ingreso y la riqueza, los de abajo llegaran al poder para llevar a cabo estas políticas y aliviar la pobreza para mejorar las condiciones de vida de las grandes mayorías.

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