LO QUE VIENE EN 2021

Luis Rosero M.

Después del 2020, con la pandemia, la triple crisis continuará en lo económico, social y sanitario a lo que se agrega lo político. Estas cuatro variables evolucionaran, a diferentes ritmos, pero de manera correlacionada. El 2021 será un año lleno de incertidumbre.

Empezaré por lo sanitario pues influenciará en las otras variables señaladas. En efecto, el gobierno anunció que en Enero de 2021 iniciará la vacunación contra el covid con 50000 unidades, del laboratorio Pfizer, para el personal médico de hospitales públicos, hogares de ancianos y enfemeras. A fin de Diciembre, del año pasado, anunció la compra de 2 millones de vacunas de Pfizer para iniciar su aplicación desde Marzo de 2021 que inmunizaría a parte de la población. También comenzará, en el país, los ensayos con voluntarios de la vacuna china. Las interrogantes que surgen son: serán efectivas, a cuanta parte de la población se aplicará, sobre todo si se requieren 2 dosis por persona y desde cuándo. La epidemióloga Catalina Yépez advirtió de un retraso en la repuesta a la epidemia y sugirió empezar a vacunar ya. El inicio de la vacunación y su efectividad, va influir en la recuperación económica, como ya lo han señalado organismos internacionales.

En cuanto a lo económico, hay 3 aspectos claves: los condicionamientos del FMI, la reactivación económica y las elecciones presidenciales. En efecto, con el acuerdo crediticio con el FMI el gobierno se comprometió al cumplimiento del ajuste fiscal y reformas estructurales. En cuanto a estas últimas, lo que busca este organismo internacional es continuar con la liberalización de la economía, la reducción del tamaño del estado y otras reformas. En cuanto a lo primero, se inició la liberalización del precio de los combustibles (gasolinas y diésel), ahora con restauración de la independencia y autonomía del Banco Central – con un directorio independiente- buscaría la liberalización del mercado del dinero. En efecto, ya hace 2 meses la Junta Monetaria anunció que, en seis meses, se revisaría la metodología para el cálculo de la tasa de interés que podría derivar en la eliminación de la tasa máxima de interés, de las multas por usura y libre mercado del dinero, o sea que la oferta y la demanda determinen la tasa de interés. En un mercado del dinero oligopólico, los grandes bancos determinarían la tasa marcadora de interés, lo que implica una subida de las mismas. Por otro lado, continuaría la reforma laboral que aumentaría la flexibilidad laboral y nuevas formas de contratación que marcarían la tendencia a la precarización laboral. A eso se suma, la reducción del tamaño del estado vía eliminación de otras instituciones públicas o la concesión o privatización de las mismas, lo que conduciría a echar a la calle a más empleados públicos. Además, por el ajuste, podría llegarse a una reforma en la seguridad social –en crisis- que implicarían medidas como el aumento de la edad de jubilación, el aumento de los aportes de los afiliados y recorte de servicios. En cuanto a la reactivación, resulta fundamental la aplicación de la vacuna, su cobertura y efectividad, para volver a la nueva normalidad y, por otro lado, los incentivos para la reactivación del consumo y la inversión. Como el gobierno no dispone de recursos difícilmente podrá seguir entregando bonos a los pobres y entregar subsidios a las empresas, por lo que la reactivación dependerá de la posible normalización de la actividad económica.

El otro aspecto clave –en lo económico- son las elecciones presidenciales –que tiene relación con lo político-. Los resultados de éstas son claves para determinar si se continúa con el acuerdo con el FMI y por las medidas económicas que podría tomar el nuevo gobierno. Las dos tendencias que dominan el panorama político son la derecha y el progresismo. Según sea la corriente ideológica que asuma el poder tendremos un cambio de rumbo en la economía. Pero en todo caso, en procesos eleccionarios presidenciales, se da una tendencia a que los empresarios se abstengan de invertir hasta conocer el nuevo plan económico del gobierno entrante y las medidas económicas inmediatas que tomará, lo que llevaría por lo menos hasta la mitad del año, lo que abstención de inversiones, espera para la reactivación económica e incertidumbre en este campo.

Finalmente, en lo social hay una grave crisis. Con el nivel de desempleo, subempleo, crecimiento del sector informal y con unos 1,8 millones de nuevos pobres y 1.4 pobres extremos más significa que, con la pandemia, habría 3.2 millones de ecuatorianos en condiciones pobres, lo que implica más violencia y delincuencia en el país.

En síntesis, el escenario para 2021 en los 4 aspectos señalados parecer ser muy crítico, con la continuación de la crisis económica y social. Esta última muy preocupante por la aparición del hambre y las consecuencias que esta genera para la sociedad. Este panorama podría variar dependiendo de que tendencia llegue al poder y las decisiones económicas y sociales que adopte incluyendo su relación con los organismos financieros internacionales y el tipo de política socioeconómica que lleve adelante en una situación de críticos desequilibrios macroeconómicos. En suma, la economía siempre cobra la factura, pero una visión pragmática y eficiente del manejo económico social puede recuperar las condiciones macroeconómicas y nivel de la población.

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