Además del déficit fiscal, contracción de la economía, baja RMI, aumento del desempleo, etc. el país enfrenta una abultada deuda externa que lleva a la interrogante de la sostenibilidad de la deuda, que ha sido agravada, por la coyuntura, y genera incertidumbre sobre la capacidad el país para servirla.
En lo que va, del periodo de este gobierno, la deuda externa ha aumentado en 9.900 millones de dólares, que ha conducido a que el porcentaje de la deuda total este por arriba del 40% del PIB como lo señala la Constitución. Más aún, a fines de la primera semana de Febrero de 2020, Moody’s rebajó la calificación de la deuda ecuatoriana de B3 a CAA1, lo que significa una calidad especulativa y de muy alto riesgo, cercana a la calificación de bonos basura. Eso llevo a que el riesgo país sobrepase la barrera de los mil puntos para ubicarse el 4 de Febrero en 1096 puntos. Desde el 22 de Enero dicho riesgo aumentó 244 puntos. Eso implica menos confianza en la capacidad de pago del país para cubrir la deuda externa.
Las razones que anota, dicha calificadora de riesgo, es la demora en la aprobación de reformas económicas, acordadas con el FMI. En especial, le preocupa el déficit fiscal. Con la aprobación de la ley de Simplicidad y Progresividad Tributaria, una reforma tributaria, que creo varios impuestos, se estima que rendirán adicionalmente 540 millones de dólares en 2020 y en los 2 siguientes años, pero que no son suficientes para reducir dicho desequilibrio fiscal. El déficit, según la calificadora, fue en 2018 de 3.6% y en 2019 creció a 3.8%. En el 2020, para incrementar los ingresos el gobierno espera implementar la eliminación de los subsidios a la gasolina super y extra. En este año, la situación fiscal se ha complicado pues, por la epidemia del coronavirus en China, este país redujo su demanda, lo que afecto al precio del crudo ecuatoriano, fijado en 51 dólares en la proforma presupuestaria, bajando alrededor de 10 dólares debajo de esa meta y, por otro lado, el cierre de exportaciones de flores a ese país, por San Valentín, agrava la coyuntura económica- Y más preocupante, se tornaría la situación fiscal, por el el crecimiento de la economía en 200 que, según el FMI, sería solo de 0.2%. Con por lo señalado, puede llegar a cero.
Pero a Moody´s no le preocupa la capacidad de pago del país, en el corto plazo, sino la de 2022. Por un lado, el programa con el FMI concluye en 2021. Por otro, el 2020 es un año político, considerando Moody’s que el gobierno tome nuevas medidas, excepto la eliminación del subsidio a las gasolinas, para incrementar los ingresos fiscales, y, en 2021 las elecciones se celebraran a fines de febrero. La posesión del gobierno sería en Mayo y, hasta que el nuevo régimen tome decisiones habrá un compás de espera por parte de los empresarios en relación a sus decisiones de inversión. Según la calificadora, los problemas de la sostenibilidad de la deuda serían a partir de 2022, dado los fuertes vencimientos de la deuda y en 2023 las necesidades de financiamiento del gobierno central estarían alrededor del 7 u 8% del PIB. Según el Vicepresidente de Riesgo Soberano, de Moody’s, aún con un reperfilamiento de la deuda, el país corre el riesgo de default.
Pero no solo es un problema de deuda externa sino además interna. El gobierno tiene deudas con los proveedores, con el IESS alcanzaría a 5000 millones y además tiene deuda con los GADs. En otras palabras, los vencimientos importantes de deuda externa tendrá que enfrentarla el próximo gobierno a más de cumplir con los compromisos de pago de deuda interna señalados.
Un comentario sobre “El CRECIMIENTO DE LA DEUDA EXTERNA Y SU PAGO Luis Rosero M.”